Curso dictado por la Dra. Teodora ZAMUDIO

 

5ta. condición

 

Presentación | Proyecto de investigación | Presupuestos & Condiciones de contorno | Hipótesis iniciales | Glosario | Ejercicios | Videos

   

Imprimir esta página

Ud. está en esta Unidad pedagógica

Presupuestos y Condiciones

1era. condición
2da. condición
3era. condición
4ta. condición
5ta. condición
6ta. condición

 

Hipótesis iniciales de investigación 

 

No hay actividad humana de riesgo 0 (cero)

“...el reinado del sapiens viene acompañado de un incremento masivo del error
en el seno del sistema vivo.”

Edgar Morin. El paradigma perdido (1996)

Vivir es una actividad riesgosa.

El fundamentalismo ecologista está viciado a menudo por algunos errores[1].

El primero es la fe en una pretendida naturaleza auténtica, que debe ser defendida contra los artificios de la técnica. Como bien sabía Goethe, que la amaba tanto, todo es naturaleza, hasta lo que parece contradecirla; todos los átomos y todos los agregados de que están constituidas todas las cosas del universo son igualmente naturales y auténticas: las colinas toscanas y los desiertos helados de Plutón, los perfumes de las flores y los gases malolientes de los caños de escape, los nidos construidos por los pájaros y los rascacielos alzados por los hombres, las estrellas de una noche de verano y las bacterias de las epidemias.

No obstante se verifica intuitivamente el hecho de que ciertas condiciones de la naturaleza son propicias para la especie Homo sapiens  y otras, no; (v.gr., el hombre puede vivir en la Toscana, pero no en el Polo Sur o en el Sol, integrantes también de la naturaleza; así como se puede comer algunos hongos mientras que otros, no menos genuinos y “naturales”, son letales para los individuos de la especie humana). 

La amenaza sobre algunas de las especies, que manifiestan la naturaleza en este estadio evolutivo, no supone la debacle final de esta última; tal como ocurrió con los dinosaurios y otras tantas especies y géneros que precedieron o cohabitaron la Tierra junto al Homo sapiens, sin que éste tuviera mayor injerencia o incluso llegara a conocerlos[2].

Al comenzar el siglo XXI el escenario que se presenta, si las tendencias de transformación y degradación continúan, es el de un vasto territorio modelado por el uso humano de la tierra, con intercalaciones aquí y allá, de algunas manifestaciones naturales. Los hábitats que persistan serán solamente aquellos que permanezcan gracias a su status de “museos” o reservas naturales (actualmente, de acuerdo con el World Resource Institute (1989), aproximadamente un total del 3% de las tierras de la superficie del mundo están altamente protegidas). Se estima la eventual pérdida del 66% de especies de plantas en América Latina y que de este porcentaje de extinción corresponderá a la extinción del 14% de las familias de plantas del mundo y para el caso de la eventual extinción de las aves amazónicas esto corresponderá a la extinción del 26% de las familias de aves existentes en el mundo.

Las denuncias de los peligros tecnológicos, que son a menudo explosivas y formuladas con escasa conciencia técnica de la situación, pueden en la mayoría de los casos ser respondidas -y conjurados los peligros- por los tecnócratas y científicos con serenidad, dados los errores y las imprecisiones de estas protestas; y, en otros casos, desplegar todos los remedios previstos para impedir esos posibles desastres que se temen, enumerar las medidas de seguridad que harían imposible que se cumpliesen esas catástrofes, explicar cómo y por qué una investigación no dañará a los individuos, ni provocará otros perjuicios.  Pero aún así, se debería considerar el accidente imprevisible, la fragilidad del ser humano, una máquina que se deteriora, un hombre encargado de su control que pierde la cabeza, un terrorista que pone una bomba pueden acelerar el ¿destino? de extinción de la especie o de buena parte de quienes pertenecen a ella. Sobre todo enfrentar -especialmente en el caso de las manipulaciones genéticas- los desarrollos y las consecuencias que quizá en la actualidad la ciencia no está en condiciones de prever y que, si es una verdadera ciencia, debe admitir que todavía no sabe prever[3].

Aún cuando existe una gran preocupación cuando se habla de los riesgos asociados a la biotecnología, lo cierto es que existe muy poca precisión acerca de cuales son ellos, y en buena medida esto se explica por la diferencia que existe en el tipo de información que manejan los expertos vinculados con la tecnología, y el que manejan el público y los medios de comunicación. Técnicamente, existen tres tipos de riesgos biotecnológicos:

1-      Los riesgos para el medio ambiente:

viñeta  
viñeta  
viñeta  
viñeta  

(a) que los cultivos manipulados se conviertan en malezas;

(b) que se produzca un flujo de genes hacia parientes silvestres;

(c) que los organismos manipulados impacten en otras poblaciones asociadas[4]; y

(d) que se provoque la erosión genética de las variedades locales.En este caso no es la manipulación en sí misma sino los sistemas de producción intensivos (uniformes) los que serían responsables (v.gr., los cultivos que han sido desarrollados por la agricultura moderna (revolución verde) desde sus inicios)

2-     Los riesgos para la salud humana, los impactos especialmente valorados son los aspectos relacionados con el desarrollo de resistencia a antibióticos

3-     Los riesgos para las actividades socioeconómicas. Una conclusión importante es que para que los sistemas de bioseguridad sean relevantes y efectivos, y no se conviertan en un desestímulo a la innovación tecnológica, es necesario que se refieran específicamente al impacto de los rasgos transferidos, a las propiedades de la planta a la cual le han sido transferido dichos rasgos y a las relaciones de esta planta u organismo con los ecosistemas aprovechados y circundantes La evaluación de los riesgos socioeconómicos -entendidos como los posibles perjuicios- sin embargo no es suficiente para sustentar una decisión.   Es indispensable realizar también una evaluación de los posibles beneficios que podrían generarse de la introducción del material transgénico, y analizar el balance correspondiente.

Por su parte los alimentos[5] –o mejor dicho, los microorganismos que se consumen con ellos- pueden provocar enfermedades (sus efectos pueden ir desde una incomodidad relativamente trivial hasta manifestaciones y síntomas más serios tales como fiebre, diarrea, vómito, deshidratación e incluso la muerte) debido a fallas en el proceso de elaboración, conservación o distribución; o contaminación originada en el interior del alimento (carne o pescado), encima de él (cascarón de huevo o productos agrícolas), del agua no potable o de las heces humanas o animales. En estos aspectos las biotecnologías de alimentos no aumentan sino que disminuyen los peligros, pero incorporan nuevos riesgos como:

1-     Resistencia a los antibióticos. Para modificar el genoma de la planta se utiliza el gen que se quiere insertar y otros genes auxiliares. Algunos de estos genes auxiliares confieren resistencia frente a determinados antibióticos, para poder seleccionar las células modificadas. Así, el maíz modificado genéticamente tiene también el gen de la beta-lactamasa, que confiere resistencia al antibiótico ampicilina.

2-     Alergenicidad. La incorporación de un gen extraño agrega –además de la cualidad intríseca deseable- características no esperadas; como en el caso de la frambuesa transgénica, la anexión de un gen animal (de resistencia al frío) a una planta provocó en los consumidores de la fruta reacciones alérgicas típicas, motivadas por las proteínas animales. Otro caso reciente es el hallazgo en el cultivo modificado genéticamente que más ampliamente se cultiva en el mundo: la soja Roundup Ready[6] contiene ADN inesperado al lado de su gen injertado. Los datos iniciales que muestran que los fragmentos no eran genes activos y no tenían efectos sobre la planta, no silencian que adyacente a uno de esos fragmentos de gen hay otra cadena de ADN que no fue encontrada en la soja que no había sido creada por ingeniería genética y cuya existencia no fue intencionalmente provocada[7], ni sus efectos medidos a priori.

3-     Peligrosidad. Paralelamente al concepto de equivalencia sustancial se ha esgrimido la evaluación sobre la base de otra noción: producto o técnica “potencialmente peligrosa”. Para la evaluación de los productos –especialmente, los alimenticios- se ha introducido el concepto de "equivalencia sustancial"[8], según el cual, si un alimento procedente de la nueva biotecnología se puede caracterizar como equivalente a su predecesor convencional, se puede suponer que no plantea nuevos riesgos, y por lo tanto, es aceptable para consumo. Pero algunos “accidentes” permiten advertir qué se trata de evitar al hablar del riesgo potencial.

Hace algunos años una empresa japonesa fabricó triptofano a través de una bacteria genéticamente diseñada para su utilización en el tratamiento de la depresión. Esta sustancia normalmente concurre en proteínas de la dieta, y es la precursora metabólica para la serotonina, un neurotransmisor que si falta produce la depresión. Al ingerir cantidades extras de triptofano, la depresión puede ser revertida. Lo que no era conocido, sin embargo, era que el organismo utilizado que sintetizaba el triptofano también estaba sintetizando otra sustancia que estimulaba el sistema inmunológico del cuerpo, ocasionando en una enfermedad conocida como eosinofilia. Como resultado 37 personas fallecieron y 1500 quedaron permanentemente afectados[9]. Ello no obstante, no impide afirmar que uno de los aspectos que más estimula a la comunidad científica internacional en materia de alimentos transgénicos, es la posibilidad de desarrollar vacunas comestibles a partir de proteínas que podrían introducirse en ellos. De esta manera, los niños podrían ser inmunizados contra el cólera, la hepatitis B o la diarrea, comiendo una fruta en vez de recibir una inyección[10].

Sin embargo, muchos de los problemas ecológicos y evolutivos que se plantean proceden de mejora genética convencional (de modo empírico o por genética mendeliana), especialmente los derivados de

la hibridación de los individuos mejorados con sus parientes silvestres y

la introgresión de alelos domésticos en las plantas salvajes.

Este flujo genético puede conducir de hecho a la pérdida de identidad genética de las poblaciones silvestres, a su extinción, o bien a la conversión en o exacerbación de malas hierbas. Este tema ha recibido hasta ahora poca atención, pero es esencial, ya que su estudio en plantas tradicionales debería establecer el modelo “control” sobre el que evaluar a su vez el riesgo supuesto de las plantas transgénicas. De todas maneras, a la luz de la bibliografía[11] se puede decir que hay evidencias serias de que este flujo genético entre plantas domesticadas y silvestres se ha producido y se sigue produciendo, a veces con consecuencias negativas para la biodiversidad natural.

◄◄1era. condición • 2da. condición • 3era. condición • 4ta. condición • 5ta. condición • 6ta. condición►►

 


NOTAS:


[1] Magris, Claudio La "vaca loca" y  la razón Corriere della Sera y La Nación 28/11/00

[2] La extinción y la especiación son dos procesos naturales complementarios que ocurren simultáneamente desde que la vida hizo su aparición en la tierra. El resultado de la relación entre la tasa de especiación y la tasa de extinción es la evolución de las especies: pero si bien la extinción es un proceso natural, hoy en día debido a la intensa transformación que el hombre ejerce sobre el medio natural ha pasado a ser fundamentalmente un proceso antropogénico. Zamudio, T. O Convenio de Diversidade Biolôgica em Latinoamerica. En Revista Facultade de Direito N° 10 Universidade de Caxias do Sul .  Deciembre de 1999. Rio Grande do Sul (Brasil).

[3] Aunque no fue producto de la ingeniería genética, el caso de la “vaca loca” ocurrido en Europa plantea la vulnerabilidad de la salud pública –aún en los mercados más sofisticados y protegidos del planeta. Los primeros en alimentar las vacas con esos productos que parecían tan redituables e inofensivos seguramente no imaginaron las espantosas consecuencias de su producción, que los ha convertido, objetivamente, en responsables de crímenes contra la humanidad.

[4] Se ha reportado que el Glyphosate puede ser tóxico para algunas especies invertebradas que habitan en el suelo, incluyendo a predadores benéficos como arañas y carabidos y especies detritivoras como lombrices de tierra, y también para los organismos acuáticos, incluso los peces. Pimentel y otros, Benefits and Risks of genetic Engeeniring in Agriculture. BioScience 39: 606-614. 1989.

[5] Se parte de la base de no considerar en el grupo de los alimentos a aquellos productos que son naturalmente venenosos actual o potencialmente.

[6] Los productos hechos de este cultivo han sido ingeridos por personas y animales desde hace cinco años sin registros de que hayan causado problemas de salud de ningún tipo. No obstante, el descubrimiento tardío echa una sombra de duda sobre las afirmaciones de la industria biotecnológica de que la tecnología es precisa y predecible.. y de que se sabe “todo” sobre sus resultados.

[7] Marc De Loose, del Centro de Investigación Agrícola de Melle presento sus hallazgos en un trabajo publicado en agosto de 2001 por el periódico European Food Research and Technology.

[8] Este concepto fue introducido por la OCDE en 1993 (antes de la comercialización de ninguna planta genéticamente manipulada), tras varios años de trabajos de numerosos expertos de muchos países. En 1996 la OMS (Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas) y la FAO (Food & Agriculture Organization de las Naciones Unidas) recomendaron su adopción como base para los estudios de seguridad alimenticia de los OGMs

[9] Rigby, Byron (MD) Presidente, Asociación Australiana de Medicina Ayurvédica La ingeniería genética: una violación de la ley natural "Noticias BT" - El Boletín Transgénico – 8 17 de julio, 1999

[10] Fernando Monckeberg, médico y académico experto en el tema y artífice de la derrota de la desnutrición infantil en Chile, en nota Alimentos transgénicos: ¿el paraíso ya está aquí? En La Tercera. 22 de abril de 2000.

[11] Ellstrand et al. (1999): “Gene flow and introgresion from domesticated plants into their wild relatives”, Annu. Rev. Ecol. Syst. 30: 359-363. Citado por Iáñez Pareja, Enrique, Posibles impactos genéticos y ecológicos de las plantas cultivadas “tradicionales” en www.ugr.es/~eianez/Biotecnologia 2000.


Pro-Diversitas 
Editorial Digital
ISSN 2362-6518