Curso dictado por la Dra. Teodora ZAMUDIO

 

Biotecnologías y Ambiente

 

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O.G.M.
Principio precautorio
Equivalencia sustancial
Marco regulatorio específico
...otros impactos

  

  

 

 

 

 

Introducción

Es un hecho casi plenamente asumido por los responsables políticos de los países desarrollados que la ciencia y la tecnología son un elemento indispensable para la elaboración de políticas de fomento y desarrollo económico y social[1].  

A la par que existe una creciente conciencia en las sociedades avanzadas acerca de la necesidad de considerar la conservación del medio ambiente como una gran prioridad política. Este planteamiento ha supuesto la incorporación de las cuestiones ambientales en la agenda política con la articulación de partidos políticos, asociaciones y grupos que enarbolan esta bandera y defienden las cuestiones de conservación y calidad del ambiente como el valor de mayor calado para la adecuada relación entre el hombre y la naturaleza por su incidencia en la calidad de vida de los ciudadanos.

Es fundamental poner de relieve que estas posiciones que mueven y atraen una parte importante de las ideas y movimiento progresistas son, paradójicamente, profundamente conservadoras en lo que atañe al progreso en relación con la naturaleza. Prefieren lo que existe, el resultado de cuatro mil años de evolución, en el que han jugado un papel activo algunos de los problemas que denuncian -pero que ya no combaten-, antes que apoyar posibles desarrollos que tienen su raíz en nuevas expectativas tecnológicas.

Prima la desconfianza como consecuencia de las negativas experiencias anteriores -catástrofes nucleares y marítimas; las graves repercusiones climáticas del uso de los clorofluorocarbonos y del masivo consumo energético; la acumulación de residuos, muchos de ellos peligrosos y, en todo caso, nocivos para el entorno; el uso indiscriminado de pesticidas-[2].

Esta actitud pesimista penetra a través de todas las posiciones ambientalistas, independientemente de la mayor o menor racionalidad de sus posturas, lo que ha conducido a establecer como gran principio que la implantación de nuevas tecnologías no supone sólo beneficios sino que, por el contrario, puede estar en la base de nuevos -no deseados ni deseables- riesgos y eventuales perjuicios para la calidad de vida de los ciudadanos. Esta constatación ha generado una notable desconfianza social, en general entre colectivos avisados y responsables, en el tecnocientifismo ciego, por una parte, y en el capital inclemente, por otra.  Ello ha llevado a los defensores del ambiente posiciones de mayor idealismo. Se asume anticipadamente que el costo social va a ser excesivamente alto. No se confía en que las soluciones de los problemas globales dependan de las nuevas tecnologías; se piensa, por el contrario, que las mejores posibilidades de encontrar soluciones se encuentran fuera de la gran carrera tecnológica.

En la encrucijada de este conflicto se encuentra, por tanto, la política científica y tecnológica cuya formulación lleva aparejada una necesaria apuesta por el fomento de nuevas tecnologías o tecnología emergentes.

De acuerdo con algunos informes internacionales, la biotecnología es considerada una poderosa herramienta para resolver los problemas actuales de la agricultura, la nutrición y el ambiente[3]. Se estima que para el año 2025 habitaremos la tierra alrededor de 8 mil millones de seres humanos que tendremos que comer, recibir atención médica y vivienda y dependeremos de los recursos como agua, aire, espacio y servicios. Tendremos que usarlos de una manera consciente y sustentable para no terminar con los recursos que quedan, para lo cual, no solamente habrá que cuidarlos y administrarlos, sino también recuperarlos.

La biotecnología ofrece una alternativa real para los problemas de producción de alimentos, de ahorro y tratamiento de agua, de conservación de las zonas no alteradas, respetando su flora y fauna, de producción de medicamentos y tratamiento de enfermedades, de tratamiento de deshechos tóxicos y basura. Esta nueva tecnología no es la panacea para arreglar el mundo, ni tampoco se puede decir que no existen riesgos en su uso, pero lo importante es evaluar de una manera clara y objetiva los riesgos y los beneficios y poder entender lo que se ofrece, relacionándolo con lo que tenemos actualmente.

La biotecnología, nuevo paradigma tecnológico

La biotecnología se encuentra en el centro tanto reflexiones científicas que abarcan desde la gran variedad disciplinar de sus raíces hasta las orientaciones filosóficas y sociológicas relacionadas con el cambio científico y tecnológico, como preocupaciones e intereses económicos y sociales.

Uno de los primeros problemas de la biotecnología reside en su definición.

La biotecnología es una tecnología emergente que, al mismo tiempo, arrastra un viejo pasado. Comprende una amplia gama de actividades -producción de bienes y servicios a partir del potencial de los seres vivos- y en esta amplitud radican algunos de los problemas de interpretación. En algunas ocasiones, el término biotecnología se refiere a cualquier uso práctico de los organismos vivos. En otras ocasiones se utiliza de modo más concreto para referirse a las actividades que surgen por modificación genética de dichos organismos (a esta formulación se la conoce también como "nueva biotecnología").

La preocupación primaria de los ecologistas (ambientalistas) respecto a la aplicación de la biotecnología parece centrarse en la que hemos dado en llamar nueva biotecnología, es decir en los desarrollos relacionados con la ingeniería genética. El principal motivo de preocupación pública por la aplicación de la ingeniería genética estriba en la posibilidad de comercializar una gran variedad de organismos modificados genéticamente. Esta posibilidad puede entrañar la liberación de tales organismos en el medio externo, lo que incremente sin duda los riesgos, sobre todo cuando se compara con la investigación confinada en el laboratorio. A este problema primario se une el hecho de que la biotecnología, como paradigma tecnológico, se puede convertir en el soporte de nuevos ingenios e industrias que poseen la potencialidad de transformar amplios sectores de la sociedad y ejercer, consecuentemente, una clara influencia sobre el medio ambiente.

La intensidad de la preocupación de los grupos ambientalistas (ecologistas) por las eventuales aplicaciones de la biotecnología parece depender, por lo tanto, de la naturaleza y espectro de acción de las mismas[4]. la necesidad de explotar la naturaleza con el fin de mantener la vida de los seres humanos, con sus requerimientos y exigencias, así como al papel que la genética ha jugado y juega en la selección artificial de plantas, animales y microorganismos para fines agrícolas, alimenticios y sanitarios, son asertos ya validados e irrefutables ; sin embargo, los ambientalistas piensan que muchos de los problemas que afligen al mundo pueden encontrar solución en aproximaciones no-tecnológicas. Es evidente que la preocupación que subyace en las inquietudes sociales acerca de la práctica de la nueva biotecnología es el riesgo, derivado del poder de producir combinaciones de genes no presentes en la naturaleza que hoy nos rodea, como el fruto de la evolución.

Sin embargo, lo que preocupa al público en lo se refiere a la ingeniería genética no es el presente, sino el futuro. De acuerdo con lo que se acaba de exponer, al poder transferir genes operativos entre cualquier organismo, las potencialidades de la tecnología parecen casi ilimitadas. En este contexto, no puede sorprender que en el debate sobre la aplicación de la ingeniería genética subyazca la posibilidad de generar monstruos. Este término no se refiere simplemente a organismos peligrosos, aunque en él podríamos incluir a las armas biológicas, sino que va mas allá y se aplica a animales y plantas que además de ser peligrosas poseen características grotescas, antinaturales.

Aunque tenga una mayor verosimilitud, en el mismo sentido se puede hablar de la aplicación de la biotecnología para la preparación de armas biológicas. Como ya he comentado en otras ocasiones, cabe señalar en primer lugar que la lucha biológica es perfectamente posible sin recurrir a la biotecnología[5]. Las armas biológicas están ahí, han estado ahí, por lo que se podían haber utilizado antes de aparecer la nueva biotecnología. Si no ha sido así, es por la capacidad reflexiva y la voluntad reguladora de los hombres.

Otra área de preocupación se relaciona con las implicaciones de la ingeniería genética en la conservación y el desarrollo de la flora y fauna autóctonas. La agricultura y las contradicciones generadas por el cultivo de nuevas plantas, las posibles aplicaciones de la ingeniería genética a especies salvajes abren la imaginación a toda suerte de posibilidades. Está claro que la superación de las barreras de los mecanismos naturales condiciona la opción por un mundo en el que las formas, el comportamiento y los usos de los organismos tendrán pocas barreras y en el que los seres racionales tendremos escasos indicadores para ajustar nuestras actuaciones.

Mucha de la inquietud suscitada por las aplicaciones de la tecnología deriva de la noción de que se inicia un camino que puede dirigir la humanidad hacía direcciones no-deseadas (sin aún quede suficientemente claro cuales son los "deseos" de la humanidad). Algunas de las inquietudes surgen de los temores a lo desconocido; otras se pueden atribuir a la idea de la fácil transferencia de las técnicas a los seres humanos; otras finalmente, a las negativas experiencias anteriores.

Riesgos

Aún cuando existe una gran preocupación cuando se habla de los riesgos asociados a la biotecnología, lo cierto es que existe muy poca precisión acerca de cual son ellos, y en buena medida esto se explica por la diferencia que existe en el tipo de información que manejan los expertos vinculados con la tecnología, y el que manejan el público y los medios de comunicación. En el caso de los organismos transgénicos se han identificado tres tipos de riesgos:

Los riesgos para el medio ambiente,  

Cultivos que se conviertan en malezas. Teóricamente se señala que los cultivos transgénicos podrían llegar a convertirse en malezas, en la medida en que favorezcan la selección de rasgos característicos de estos organismos en la planta receptora del nuevo material genético; es poco probable que especies con pocas características de malezas y que no tienen parientes herbáceos, ocasionen este problema.

Flujo de genes hacia parientes silvestres. Existiría la posibilidad de que los genes introducidos se transfieran a parientes silvestres del cultivo, lo cual es particularmente riesgoso cuando se trata de parientes herbáceos y de genes de robustez por que pueden generar nuevas malezas, ya que los cruces naturales ocurren en altos porcentajes; por lo tanto este flujo genético constituye él más alto riesgo entre los analizados.

Alteraciones en las poblaciones asociadas al cultivo. Se trataría del efecto que los cultivos transgénicos puedan tener sobre otras poblaciones de los ecosistemas circundantes, por ejemplo las poblaciones de plagas, enfermedades y/o organismos benéficos, asociados al cultivo; estas poblaciones coevolucionan con los cultivos y desarrollan procesos de adaptación que ciclicamente invalidan las resistencias introducidas en los materiales cultivados.

Erosión genética de las variedades locales. Alude a la sustitución de variedades locales, que se caracterizan por poseer características valiosas de adaptación al ambiente, y la consecuente pérdida de variabilidad genética a causa de la extensión de los cultivos transgénicos. Este es uno de los temas acerca de los cuales existe menor claridad por que generalmente se confunden la planta transgénica, la biotecnología y el sistema de producción que utiliza la planta, lo cual ha desorientado a la opinión pública acerca del impacto de las biotecnologías. En sentido estricto la pérdida de variabilidad no es causada por la planta, ni por la tecnología que se utilizó para su desarrollo, ni por el mero cultivo de la misma; la pérdida se debe a la extensión del cultivo a una escala que reduce o elimina las posibilidades del cultivo de las variedades locales, y esto ocurre con la introducción de cualquier nueva variedad, transgénica o no, desarrollada por medio de la biotecnología o por medio de técnicas convencionales. Este tipo de erosión genética por lo tanto, no es atribuible a propiedades de la planta como tal, sino a los sistemas de producción intensivos (uniformes) que han sido desarrollados por la agricultura moderna (revolución verde) desde sus inicios

Los riesgos para la salud humana

los impactos especialmente valorados son los aspectos relacionados con el desarrollo de resistencia a antibióticos

Para modificar el genoma de la planta se utiliza el gen que se quiere insertar y otros genes auxiliares. Algunos de estos genes auxiliares confieren resistencia frente a determinados antibióticos, para poder seleccionar las células modificadas. Así, el maíz modificado genéticamente tiene también el gen de la beta-lactamasa, que confiere resistencia al antibiótico ampicilina.

Para que una bacteria patógena se volviera resistente a este antibiótico sería necesario:

Que el gen de resistencia al antibiótico se mantuviera intacto. El procesado de los alimentos destruye el ADN. Consecuentemente sería necesario comer el maíz crudo. Esto descarta el problema en el caso humano, y lo reduce a los animales cuando se utiliza este maíz como pienso

Que el gen pudiera transferirse a una bacteria. Aunque originalmente el gen de resistencia al antibiótico procede de bacterias, su situación actual dentro del genoma vegetal hace esto extremadamente improbable. Sería muchísimo mas probable que adquiriera ese gen de otra bacteria de las muchas presentes en el tubo digestivo.

Que existiera una presión selectiva a favor de la bacteria que ha adquirido el gen de resistencia, es decir, que el animal estuviera siendo tratado en ese momento con el antibiótico.

Como precaución adicional, no se utilizan generalmente genes de resistencia a antibióticos importantes en clínica humana o frente a antibióticos nuevos que pudieran tenerla en el futuro. En todo caso, puesto que el gen de resistencia al antibiótico no juega ya ningún papel en la planta transgénica, si se considerara un riesgo, podría eliminarse.

Los riesgos para las actividades socioeconómicas.  

la pérdida de competitividad de los cultivos y prácticas  "tradicionales" frente a la ventajas económicas de las nuevas emprendidas por las biotecnologías

Conclusión 

Una conclusión importante es que para que los sistemas de bioseguridad sean relevantes y efectivos, y no se conviertan en un desestímulo a la innovación tecnológica, es necesario que se refieran específicamente al impacto de los rasgos transferidos, a las propiedades de la planta a la cual le han sido transferido dichos rasgos y a las relaciones de esta planta u organismo con los ecosistemas aprovechados y circundantes.

La experiencia acumulada en los sistemas de bioseguridad ha permitido establecer prácticamente un consenso en que la evaluación del riesgo debe realizarse sobre las propiedades del producto que va ser introducido al mercado independientemente de la técnica que se haya usado para su desarrollo; el riesgo debe ser analizado básicamente en relación con: las características del gene transferido, las propiedades del organismo/planta receptora; y los ecosistemas específicos donde se propone introducir el material transgénico; teniendo en cuenta la diversidad de los ecosistemas en que puede ser introducido el material y por lo tanto las diferentes interacciones que se pueden presentar entre estos y el material transgénico, las evaluaciones deben realizarse caso a caso. En términos generales, la secuencia de evaluación de riesgo para un organismo transgénico incluye:

Identificación de riesgos: Reconocer y caracterizar posibles impactos indeseados;

Valorar su magnitud: Evaluar la escala y severidad de un posible impacto indeseado;

Calcular su probabilidad: Evaluar la posibilidad de ocurrencia de un impacto específico indeseado;

Cuantificación del riesgo: riesgo es definido como la posibilidad de veces de ocurrencia;

Valoración del riesgo: evaluar la importancia de algún riesgo estimado contra el conjunto de posibles beneficios y costos.

En general, la ciencia ha avanzado a ciegas en cuanto al riesgo, pero alerta a sus síntomas.  Hay que distinguir entre el riesgo de la investigación básica y el riesgo de la aplicación del conocimiento adquirido, existen ámbitos en los que el cuidado y el seguimiento son difíciles o imposibles.

Así, por ejemplo el debate sobre el salmón transgénico que se planteó en la 18ava Reunión Anual de la Organización para la Conservación del Salmón Noratlántico (NASCO) donde se argüía que el salmón modificado podría escapar hacia lugares no controlados o confinados, afectando adversamente el ecosistema[6], el salmón transgénico debería crecer solo en instalaciones confinadas y en tierra firme, lo cual no es económicamente viable para las compañías que quieren criarlo[7].

Otras consideraciones especiales se han planteado acerca de la modificación genética de  árboles forestales realizada con la transferencia de DNA mediado por Agrobacterium; pero también se ha utilizado el bombardeo de partículas con DNA fijado o “transformación biolística”. De las 205 aplicaciones permitidas a finales del 2003, el 73,5% se originó en EE.UU., el 23% en otros países miembros de la OECD (en particular Bélgica, Canadá, Francia, Finlandia, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, España y Suecia) y el 3.5% en otras partes (Brasil, China, Chile, Sudáfrica y Uruguay)[8]. Cuatro características se reportan para el 80% de las aplicaciones de permisos: tolerancia a herbicidas (32%), marcadores de genes (27%), resistencia a insectos (12%) y modificación de lignina (9%). De las especies de árboles involucradas, Populus, Pinus, Liquidambar (Árbol de goma dulce) y Eucalyptus representan el 85% de las aplicaciones.

A pesar de que el interés comercial era bajo durante los primeros diez años del desarrollo de árboles transgénicos, éste ha crecido paulatinamente desde finales de los 90s. A finales del 2003, el 45% de los permisos otorgados fueron para la industria y, principalmente, para álamos. Pero hasta el momento no ha habido un empuje concertado para la comercialización de árboles GM excepto en China, donde se han plantado más de un millón de árboles transgénicos en iniciativas de “reforestación” a raíz de la aprobación de su comercialización otorgada por la Administración Estatal de Silvicultura de China en el 2002.

Varias compañías, incluyendo Weyerhaeuser, Shell y Monsanto, involucradas en la investigación de árboles transgénicos, habían dejado los estudios porque no eran económicamente atractivos[9]. Sin embargo, la decisión tomada en diciembre de 2003 en la Novena Conferencia de las Partes en el Marco del Convenio de Cambio Climático de las Naciones Unidas de permitir a las compañías establecer plantaciones de árboles transgénicos bajo el “Mecanismo de Desarrollo Limpio” podría ser el peldaño que necesitan los productores de OGM para ver a los árboles transgénicos económicamente atractivos.

Por otra parte, debe ser identificada la situación o las situaciones que inspiran pánico y las que realmente son riesgosas. En este ámbito, hay discrepancias entre la importancia objetiva de un riesgo y su percepción subjetiva:

 

voluntario causa menos temor que el riesgo impuesto

de origen natural causa menos temor que el de origen industrial

que se produce en un entorno familiar causa menos temor que el que se produce en un escenario exótico

que es difuso en el tiempo o en el espacio causa menos temor que el que se concreta en hora y lugar

No existe el riesgo cero: Toda actividad humana conlleva un cierto riesgo que ha de ser evaluado en función de los beneficios que tal actividad reporta

 

Hay productos naturales que llevan substancias mutagénicas y cancerígenas (por ejemplo:

pimienta negra → safrol;

setas comestibles → hidrazinas;

apio → psolareno;

frutos secos → aflatoxinas de hongos; etc.)

 

Ninguno de los conservantes autorizados llega a ser tan peligroso como las toxinas que pueden producir las bacterias y los hongos que el conservante evita

 

 


NOTAS:


[1] Emilio Muñoz Rustep Unidad de Investigación sobre Políticas Científicas y Tecnológicas, IESA-CSIC

[2] El gran desarrollo de la química durante la "segunda" revolución industrial ha colocado en el mercado casi cien mil productos químicos, cuyos beneficios son indudables, pero también son responsables de algunas de las consecuencias que preocupan socialmente y que ya mencionábamos anteriormente -contaminación del aire y las aguas continentales y marinas; los trastornos generados por accidentes en la fabricación de tales productos y en el transporte de los mismos; las toneladas de residuos abandonados en cementerios, de incomprensible elección en muchos casos para la sociedad y de dudosa seguridad en otros; el deterioro de la capa de ozono-.

[3] En La biotecnología y el medio ambiente, la Dra. Laura Martinell B. Directora Adjunta Consejo Latinoamericano de Información Alimentaria (CLIA) reflexiona: “Al viajar en avión y asomarse por la ventanilla, puede observar que prácticamente durante todo el trayecto, no existe un área que no tenga casas, zonas cultivadas, verdes o secas, o algo que nos indique la presencia del ser humano. Hemos invadido todo y estamos acabando con prácticamente todas las zonas vírgenes del planeta. Las primeras preguntas que nos vienen a la cabeza son: ¿dónde vive el resto de las especies? ¿les estamos dejando algún espacio?”

[4] Esta actitud parece lógica en virtud del principio de "preferir lo que existe", ya que en esta preferencia deben encuadrarse acciones correspondientes a la biotecnología clásica con las que convivimos -existencia de microorganismos en sus hábitats, desarrollo de fermentaciones encaminadas a la producción de pan, vino, cerveza, yogur, queso, medicamentos-. Emilio Muñoz Rustep Unidad de Investigación sobre Políticas Científicas y Tecnológicas, IESA-CSIC

[5] Existe un amplio potencial de armas biológicas en toxinas de microorganismos y plantas y en venenos de animales que son habitantes naturales de este mundo en que vivimos como fruto de la evolución, sin ninguna manipulación. La toxina botulínica (producida por la bacteria Clostridum botulinum) o las neurotoxinas presentes en el veneno de serpientes son armas perfectas, difícilmente mejorables

[6] Los estudios realizados por Greenpeace estiman que la introducción de 60 peces transgénicos en fertilidad destruirían una población natural de 60,000 en 20 o 30 años.

[7] Aqua Bounty Farms está desarrollando un salmón atlántico que crece hasta su tamaño de adulto en 18 meses, en lugar de los 36 meses de los peces normales y ordenado 15 millones de huevos de salmón atlántico modificado genéticamente que han sido creados en un proyecto de investigación en la Isla Prince Edward en Canadá y la empresa está esperando la aprobación de la Food and Drugs Administration de Estados Unidos para comercializar granjas con huevos de pescado que podrían producir animales genéticamente modificados para venderse en los supermercados

[8] Lang C. Genetically Modified Trees The ultimate threat to forests. World Rainforest Movement and Friends of the Earth, December 2004

[9] Van Frankenhuyzen K and Beardmore T. Current status and environmental impact of transgenic forest trees. Can J For Res 2004, 1163-1180


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Editorial Digital
ISSN 2362-6518