Curso dictado por la Dra. Teodora ZAMUDIO

 

Epibatodopes tricolor

 

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¿Se vulneraron derechos?

Fue hallada por  P.O. Simons en Porvenir, Bolívar, Ecuador sur occidental, cerca de los 5800 pies [1769 m]. y descripta por primera vez por A.G. Boulenger en 1899. Pertenece al grupo Femoralis y habita en las cuestas en el lado pacífico de los Andes en el sudoeste de Ecuador. Provincias de El Oro, Bolívar y Azuai

Entre ellos encontramos las ranas venenosas, anfibios de la familia Dendrobatidae, que se hallan distribuidos desde Nicaragua y las Antillas Menores hasta el sudeste de Brasil y Bolivia. Los provenientes de esta familia son extraordinariamente tóxicos y han mostrado características químicas y biológicas muy interesantes. Hasta la fecha se conocen alrededor de 400 clases de toxinas en diferentes especies de estas ranas.

El Epibatidine es una de ellas, segregada por la piel de una rana neotropical venenosa llamada «Epipedobates tricolor» que habita en los bosques tropicales desde el sur occidente y las estribaciones occidentales de los Andes ecuatorianos hasta el norte del Perú. Es el único alcaloide conocido hasta ahora que, producido por una rana venenosa, contiene un radical cloro. Este alcaloide, que se produce en cantidades mínimas (0,08 mg/rana), se secreta como mecanismo de defensa a partir de un grupo de glándulas cutáneas conocidas como glándulas granulares, desarrolladas durante la metamorfosis.

Algunas de estas especies viven junto a ríos, otras sobre hojarascas secas, incluso algunas viven la mayor parte de su vida sobre los árboles. Sin embargo, se ha podido comprobar – según el mismo John Daly lo documentó- que las ranas nacidas en cautiverio o las que viven en las plantaciones de banano no producen el mismo veneno. Al parecer el veneno es sintetizado por las ranas debido a la ingesta de alcaloides, ya sea de plantas o animales. La hipótesis imperante es que el epibatidine es detectado en las ranas desarrolladas dentro de una cadena alimenticia que incluye una planta poco común, a la que se hallan ligados unos pequeños artrópodos. Por lo que la determinación de su zona de desenvolvimiento y pertenencia es de sencilla  determinación, al menos teóricamente

Antecedentes - Hallazgo - Investigación

ABT-594, sintetizado por Abbott Laboratories en Chicago, tiene muchas veces más alcance que la morfina. No deteriora la respiración ni causa estreñimiento. Los animales no dieron ninguna muestra de adicción y la droga parece ser eficaz mientras se utiliza sin crear acostumbramiento, estando libre de los efectos secundarios de la morfina.

En 1932, los científicos descubrieron que es posible bloquear dolor, apuntando a inhibir los receptores de la acetilcolina de las células nerviosas. Se intentó usando nicotina pero se abandonó dado los serios efectos secundarios y su débil poder analgésico.

En 1976, Juan Daly (del National Institute of Diabetes and Kidney Diseases) descubrió el Epibatidine a partir del principio activo de la piel de una rana venenosa de Ecuador –la Epipedobates tricolor– gracias a la información sobre los efectos fisiológicos de las secreciones de la misma, proporcionada por comunidades indígenas y locales que las usan para embeber los dardos de caza.

Daly comprobó en ratas el efecto 200 veces más poderoso que la morfina, sin embargo, los estudios volvieron a detenerse debido a que el compuesto no podía determinarse y las ranas no lo producían en cautiverio por lo que -estando en peligro de extinción- era imposible obtener la cantidad necesaria del principio activo para su explotación comercial.

Para aislar el principio activo, Daly -según expone en la solicitud de patente- trabajó sobre una muestra de 750 ranas, que -dado lo ya mencionado acerca de la interrelación con el hábitat y la secreción del veneno- debieron ser extraídas de la selva ecuatoriana. Y no existe evidencia de que el INEFAN (Instituto Ecuatoriano Forestal y de Áreas Naturales) haya otorgado una licencia de manejo para que esta rana fuera explotada con fines comerciales. Este es un requisito básico, ya que esta especie constaba dentro de los apéndices de la "Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora silvestre (CITES)", de la cual el Ecuador es parte desde 1975. No existe ninguna prueba de que el gobierno de Ecuador haya firmado ningún contrato, ni que los indígenas -cuyo uso de la secreción dio a Daly la pista para el hallazgo del Epibatidine- hayan dado su autorización o recibido ningún beneficio (de hecho no han sido mencionados en las solicitudes).

En 1986, la estructura pudo finalmente ser conocida a través de la espectroscopia de resonancia magnética nuclear, y se comprobó que efectivamente era muy similar a la de la nicotina. Sin embargo no pudo aplicarse en los seres humanos para quienes resultó demasiado tóxica

Patente - Explotación

Cuando en 1995 fue otorgada la patente US Patent 5,462,956 para el Epibatidine and derivatives, compositions and methods of treating pain (a John Daly para los Estados Unidos representado por el Departamento de Salud), la estructura del Epibatidine fue finalmente publicada. Fue entonces que Abbot advirtió que la misma era muy próxima a la de una droga –la Abt-594- la cual formaba parte de un set de compuestos que estaban siendo probadas para el tratamiento el Mal de Alzheimer.

Cuando la patente le fue licenciada, Abbot seleccionó y testeó la Abt-594 que resultó ser apta para el uso humano por no traer aparejados efectos indeseables (depresión pulmonar, estreñimiento, dependencia física) siendo mucho mas poderosa contra el dolor que los opiáceos conocidos. El analgésico ABT-594, se ha probado ya en animales y  en seres humanos en Europa. Esta droga parece muy prometedora para tratar a pacientes que sólo en los Estado Unidos serían 30 a 40 millones de personas, muchos de ellos, enfermos de cáncer que hoy dependen de la morfina.

Bibliografía consultada:

Acción Ecológica, 1998

Bannon, A.W. Journal of Science. 1998, Jan, 279, 77-81.

Cameron John and Brawley Kathleen . ABT-594 structure, characteristics.

Holladay, Mar W. J.Med Chem. 1998, Feb, 41, 407-417

Plotkin, M.J. Medicine Quest. 2000. New York: Viking Penguin. 3-6.

Wilson, E.O. The Future of Life. 2002. New York: Alfred A. Knopf. 121-122.Bannon, A.W. Journal of Science. 1998, Jan, 279, 77-81


Pro-Diversitas 
Editorial Digital
ISSN 2362-6518