Curso dictado por la Dra. Teodora ZAMUDIO

 

1era hipótesis

 

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Presupuestos y Condiciones

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Hipótesis iniciales

1era hipótesis
2da hipótesis
3era hipótesis
4ta hipótesis 

 

1era Hipótesis. No hay estatuto de la entidad biológica humana sin consideración de su destino ontológico.

 “...el hombre que ha perdido su centro y flota en el vacío”.

Hans-Joachim Schoeps. ¿Qué es el hombre?. 1960.

 

“Ser humano”: ¿acto, potencia o destino?

Las teorías utilizadas hasta ahora por quienes pretenden proteger al embrión desde una posición amplia, de “máximos” se enuncian, sin embargo, desde plataformas reducidas.

El presupuesto empírico de que la dignidad de persona se adquiere ya en el cigoto -por el hecho de poseer un nuevo genoma, distinto al de los padres- obliga a pasar por la criba de los conocimientos de la biología del desarrollo. La inviolabilidad del embrión como la potencia de ser se adscribe a la consideración de la diferenciación y crecimiento que le capacita para llegar al nivel de complejidad del individuo nacido.

En el blastocisto parte de la información depende de la posición relativa de las células, lo que determinará que algunas den origen a la masa interna (responsable del feto) y otras al trofectodermo, que participará en la placenta. Pero en el embrión temprano, es imposible a priori predecir qué blastómeros serán la base del individuo, y cuáles de la placenta. Así, se han propuesto dos conceptos relativos a la información para llegar a término La gástrula tiene ya tres capas germinales, pero aún no posee toda la información del sistema respecto al término. Al final de la 4ª semana aparece el plano general corporal, y al final de la 8ª, tras intensa histogénesis y organogénesis, el embrión es reconocible como humano, con un nivel de desarrollo perfectamente conectado con el término (a partir de entonces comienza el desarrollo fetal) y la mayor parte de la información es de tipo general, es decir, mantiene una situación ya definida. El sistema crece en tamaño y maduran los sistemas orgánicos ya presentes. El nuevo ser posee ya potencia actual, y sólo necesita actualizarla conforme pasa el tiempo.

La consideración de los embriones obtenidos por transferencia de material nuclear no es diferente de los emergentes de la unión de los pronúcleos de los gametos, pues con la transferencia de núcleos somáticos a ovocitos se obtienen “cigotos” y “embriones” que, dada su constitución, aún no procediendo de una fertilización convencional son aptos para la producción de un organismo humano si el material nuclear proviene de un organismo humano. ¿cuál sería entonces la respuesta ante estos "cigotos" no-naturales?

O, en otro caso[1], se ha considerado a los seres vivos como combinaciones funcionales, un conjunto o mezcla de células con propiedades sistémicas, una sustantividad nueva. Las propiedades sistémicas tienen carácter funcional, en independencia respecto del medio y con control sobre él. La vida es –para esta línea de pensamiento- una propiedad sistémica de carácter funcional.  Este argumento crea confusión  en punto a ¿cuándo se constituye la sustantividad humana? ¿en qué consiste la constitución de una realidad viva?

Incluso, algunos[2] que no conceden estatuto moral significativo al embrión, señalan que éste merece un respeto especial y una “consideración moral seria como forma en desarrollo de vida humana” por el hecho de los poderosos símbolos sobre la vida humana que se le adscriben a los embriones de la especie humana. Sin embargo, los valores simbólicos son personales y variables, y no ejercen obligaciones morales absolutas como las personas y las entidades vivas con intereses.

Un caso que plantearía -aparentemente- un problema espinoso sería el eventual desarrollo viable de embriones híbridos procedentes de la transferencia de núcleos humanos a ovocitos de otras especies, sin embargo la convención biológica de que un genoma nuclear humano dispone para un fenotipo humano llevaría a considerar humano al organismo resultante de esta transferencia[3].

Todos los argumentos de la potencialidad juegan, no obstante en el mismo plano: el orgánico-fenomenológico y no remontan más allá de los aspectos biológicos de hombre. Toda consideración de otro tipo es guardada como motivación, objetivo o tendencia vergonzante por el baldón de “no científico”.

Estas posturas o respuestas señaladas se “reducen” se “posicionan” en campos equivocados. La requisitoria a la que se enfrenta hoy la sociedad organizada (eco de la individual) no proviene de los adelantos y promesas de las biotecnologías sino de la angustia vital que le plantea su propia naturaleza. Ese es el origen, esa es la situación a tratar.

La condición o –mejor aún- el destino de ser hombre no proviene del sustrato físico sino de su condición metafísica. No hay lugar para falacias naturalistas: el hombre es, porque ese es su destino de ser y no una potencia de ser (que necesariamente remite a constataciones en el sustrato biológico, imponiendo leyes incompatibles). Ese destino es además inmanente, encuentra su realización y objetivo en sí mismo.

A esa angustia vital, el hombre ha respondido con el dominio tecnificado: surge pues una naturaleza totalmente controlada, dominada (o así parece o se sueña) a despecho de la inhóspita imagen que percibe del mundo natural del que emergió.

Sin embargo ello no resuelve la realidad de que el hombre mismo es parte de, no fundido con, la naturaleza –la salvaje y la domesticada- y queda también irresuelto el encuentro buscado en medio de imaginaciones individualistas e ilusiones colectivistas.

Parece difícil en este escenario que el hombre encuentre en el otro hombre, su alteridad a partir de reconocerse a sí mismo como tal[4]. El planteo surge reiterado a lo largo de la historia y del pensamiento sin que se haya podido superar la dialéctica entre lo estético y lo ético y de allí a lo religioso. Hoy la alternativa de lo científico no es –como se pretende- nueva ni, mucho menos, resuelve el angustioso y auténtico problema del hombre, esto es: saber quién es. Quizás porque siempre ha partido de la pregunta equivocada “¿qué es?”, lo que lo cosifica o identifica con su entorno o sus creaciones.

El Proyecto Genoma Humano, liderado por el Instituto Nacional de Salud y el Departamento de Energía de los Estados Unidos -si bien otros laboratorios, en el resto del mundo, lo comparten- llevó al hombre como objeto de aplicación. Emprendido, en 1989, su tarea fue la de descifrar la estructura genética de la humanidad. La empresa lleva la meta, según quien dirigiera hasta 1992 el Proyecto -James Watson-, de aliviar el sufrimiento humano provocado por las enfermedades genéticas[5], pero no inesperadamente ha suscitado la reedición de su mayor conflicto: la identidad de su esencia.

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El ser-sujeto humano es aquél a quien el pacto original reconoce la aptitud de ser titular de derechos y obligaciones[6], a quien le llama: persona. Palabra que en su origen latino no definía lo que era sino lo que ella podía o debía hacer.

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La persona jurídica es la representación (el otro) de la persona cotidiana. Esta relación con el otro de quien se es se presenta como la forma jurídica de la existencia. Las dos personas, la jurídica y la cotidiana, no están separadas la una de la otra, sino que ambas constituyen uno y el mismo proceso social de formación de la existencia cotidiana en el ámbito de la vida comunitaria[7].

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La persona es condición de operatividad del ordenamiento jurídico. Justamente, por y para proteger a la persona es que la ley protege el cuerpo (humano). La personalidad que es en el cuerpo justifica la protección jurídica de éste y de su integridad. Se trata de describir y comprender el cuerpo como ‘constituyente’ de la persona pero no en el sentido que lo postula Mainetti “el cuerpo a priori de la conciencia (de la conciencia de sí, conscius suis), es decir, del cuerpo trascendental”[8], sino como requisito de existencia.

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El cuerpo no es una individualidad de la que la persona es propietaria[9] sino el elemento materia que permite que la persona humana se vincule (jurídicamente: adquiera derechos y contraiga obligaciones)[10]. El cuerpo y sus partes son objeto de protección de la norma jurídica mientras y en tanto la persona es[11]; con posterioridad, su destino deberá respetar la voluntad de la persona o la de sus parientes o la del Estado. Esta protección de la vida (del cuerpo personal) lleva consigo la protección de la salud, comprendida y contemplada en aquélla[12].

La concepción de la vida (jurídica, biológica o de cualquier otra filiación) es, pues, un factor importante; pero la biología y el Derecho interpretan el concepto de vida de forma distinta. Para éste la vida resulta ser un concepto determinado por sus propias representaciones que guardan relación con el pensamiento del sector de control social dominante, imbuido por la relatividad económica, cultural (y religiosa).

Libertad & Protección del “ser humano”.

Las nuevas biotecnologías suscitan, para algunos pensadores, una violenta controversia en torno de la noción de libertad. Así, la habilidad de operar la mutación biológica (que presupondría que la condición presente es de mala calidad) es vista como la libertad de operar la “muerte” de la persona tal como hoy se la conoce[13].

Frente a las biotecnologías finiseculares, las disputas sociales se dividen entre aquellas en las que ciertos grupos ven amenazados determinadas cosmovisiones o valores morales y religiosos y aquellas en las que sólo entran en juego intereses contrapuestos entre distintos actores.  Las primeras son de difícil resolución, ya que los argumentos técnicos son incapaces de modificar las posturas ideológicas y los principios, mientras que las segundas pueden resolverse mediante negociación, distribución equitativa de riesgos y beneficios, y medidas de compensación. Por ello, la consideración de cuestiones sociales y morales de una práctica científico-tecnológica particular puede revestir más importancia que cualquier detalle de contrastación científica. Más aún, la búsqueda de fundamentos y justificación de las normas jurídicas en lo biológico pone al Derecho en una irreversible situación de confrontación con sus propios principios y función, perdiendo fuerza su rol de mediador y órgano de expresión democrática del poder (acción) social.

Esa invocada “muerte” amenaza no sólo lo genérico humano sino el contingente estatuto de protección efectiva; amenaza el equilibrio de las negociaciones al suministrar información a un ritmo demasiado acelerado para el que se percibe como lento desarrollo institucional, ... otra desprotección.

El Derecho debe convertir la amenaza en una nueva oportunidad para organizar una evolución positiva en las condiciones del hombre. Tal evolución es el motivo de toda constitución social y de no cumplirse se perdería legitimidad. [ver  § 5.2 ]

“....la obligación que tienen los sujetos para con el soberano se entiende que dura tanto tiempo –y no más-  como dura el poder por el cual éste puede protegerlos”.
Thomas Hobbes, Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil.(1651)

El “ser humano” y la propiedad de sus componentes.

En una valoración ética objetiva debe plantearse -y eso es lo fundamental para la norma jurídica- si la aplicación de las biotecnologías atentan contra la dignidad, la libertad, la integridad física o la vida del hombre.

La información genética se presenta, en principio, como una información de tipo personal y participa del campo de la vida privada de la persona. Bien que por otra parte, cuando ella no tenga el señalado estatuto personal, cuando efectivamente pierda su capacidad de identificar a la persona humana, cuando la utilización de una parte de la información genética se sitúe en un proceso de aplicación industrial es, en principio, no sólo disponible sino, apropiable.

Aún si lo “humano” fuera reducible a lo “genético” sólo los genes identificados como propios (esto es exclusivos) del género humano deberían ser excluidos de los sistemas de propiedad. Si la respuesta fuera negativa –o la materia no fuera excluyentemente atribuida a un ser humano o a su especie- la patentabilidad de los genes debe considerarse éticamente aceptable, al menos dentro del sistema jurídico-económico en el que se plantea la cuestión y que es en el que viene desenvolviéndose la civilización actual.

La noción del orden el público generada hasta aquí o  la moralidad bajo la cual se juzga no tienen bases sólidas para excluir  el patentamiento de productos originados en la información contenida en los genes estudiados en el hombre y la clonación en los seres humanos con fines de reproducción, los procesos para modificar la identidad genética de la línea del germinal de seres humanos y el uso de los embriones humanos con propósitos industriales o comerciales; más aún autorizan expresamente los procesos que implican el cultivo y el estudio del vástago embrionario las células humanas, genético-modificadas o no, dirigidas a investigar una variedad amplia de enfermedades, envejecimiento, cáncer y otros problemas de salud[14].

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Se debe advertir que el desarrollo de la ciencia es una conducta humana jurídicamente regulable, y por otro lado que los resultados obtenibles son apropiables cuando éstos sean técnicamente adaptados para solucionar un problema práctico o satisfacer una necesidad concreta -entrando, así, en el campo de la protección patentaria-. No puede pensarse en la tecnología (agregada como consecuencia inherente de la actividad científica) participa de una sacralidad aislada de lo económico y de lo político... en fin, más allá de lo humano. Tampoco otorgársele exenciones en su tratamiento[15].

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Tampoco es el sistema de propiedad industrial la causa generadora de dependencia económica y social que aumenta la brecha entre las sociedades más desarrolladas de las que lo están menos; en tanto que es consecuencia como instituto típico e inherente al orden económico y social actualmente imperante, de cuyas reglas forma parte pero no decide.

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Debe reconocerse que ni las constituciones, ni los procesos de toma de decisiones de las instituciones jurídicas (es decir, las reglas de funcionamiento), ni las relaciones jurídicas que rigen el tamaño y alcance de los sectores socio-económicos son inconmovibles por naturaleza, sino que ellos mismos son una respuesta a las necesidades socio-económicas, y son flexibles ante cambios en esas necesidades[16]

La biogenética, por la razón apuntada, está sujeta a mecanismos de negociación: la eficiencia, la rentabilidad y la productividad son valores que planteados desde la economía adquieren dimensión jurídica. Intensos estudios sobre los efectos de las normas del derecho de propiedad  han revelado que, por lo general, éstas forjan incentivos para un comportamiento eficiente[17]: las normas jurídicas guían el comportamiento creando precios implícitos sobre el mismo; probablemente, éstos se mantendrán para crear un uso más eficiente de los recursos, dirigiendo el comportamiento hacia lo que podíamos denominar el ideal público del derecho. Y éste consigue servir al ideal de hacer una sociedad mejor al no limitarse a regular la práctica actualmente admisible; antes bien, al trazar un derrotero hacia una práctica mejor.

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De este modo, una concepción del derecho entendido como ideal público podría hablar en favor de las leyes contrarias a la apropiación de material viviente afirmando la aspiración ética de constituir una sociedad en la que la gente no se “adueña” de la vida (aún cuando pueda hacerlo a través de normas que no contemplen los derechos humanos económicos o permita una  distribución inequitativa de los derechos de propiedad)

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Otra posición, afirmaría, por el contrario, que la protección a través de los sistemas de propiedad industrial (v.gr. patentes de invención) de “formas de materia viviente” podría ser considerado como ideal público por su aptitud para estimular inversiones en innovaciones, “conjurada la amenaza de la piratería, (habría) fuertes incentivos para invertir en nuevas y útiles tecnologías”[18], o vital para el avance de la investigación científica[19] (posibilitando a través de una medida de efecto equivalente la apropiación del cuerpo humano, dependiente al fin de los progresos que comprometen su más íntima naturaleza)

Síntesis crítica.

El Derecho parece condenado a ordenar y encauzar los deseos y necesidades (no cuestionados) de individuos “atomizados”, de modo que tales deseos quedan resguardados por la esfera inviolable de la intimidad. Pero ello se hace en nombre de un sujeto abstracto, del que se ha suprimido toda referencia (y crítica) al origen de tales deseos, borrándose la idea de que éstos pueden ser creados o manipulados. De hecho, la expulsión del deseo de la consideración jurídico-política lo que hace es remitirlo a la esfera del mercado.

No es extraño, pues, que en este marco, el Derecho no pueda establecer límites a los deseos individuales, ni ubicarlos en referencia a bienes colectivos. Lo más que puede hacer es justificar a posteriori unos supuestos “deseos racionales” recurriendo a alguna variante de psicología o sociología empíricas, que a su vez no entran en la crítica del deseo ni de las condiciones sociales y culturales de las que éste surge, cuando diversos intereses sociales y económicos se sirven de  apelaciones a la “libre voluntad” para triunfar, y es dicha libre voluntad la que alteraría las relaciones entre instituciones, valores sociales y tecnologías, transformándolas en una circunstancia privada.

La sociedad actual pretende demostrar que ha llegado a una etapa en la que la persona no se puede ya definir adecuadamente en las representaciones tradicionales, no porque ella se haya vuelto insignificante, sino porque es demasiado significativa para ser confinada dentro de las formas tradicionales. Se plantea la necesidad de nuevos modos de realización normativa que correspondan a las nuevas capacidades adquiridas.

Durante el pasado siglo el hombre agravó su crisis en relación con las cosas y el entorno que él mismo ha creado directa o indirectamente. El hombre se ha postrado ante su creación, se ha convertido a sí mismo en un adminículo periférico de ella: las herramientas –que eran una prolongación de su mano en la labor diaria- que estaban a su servicio han sido reemplazadas por tecnologías que no domina sino que lo dominan. Por su parte, la economía –como instrumento de administración de lo escaso- ha asistido a una superproducción de bienes pero registrando una escasez pavorosa de los mismos en manos de algunos; ha fallado en la distribución. Convertida en un supremo hueco, la economía  es más un gigante sin sentido trascendente que un elaboración humana para seres humanos.

Cuando los científicos anuncian “sus” avances, como el grupo de Yanagimachi y Wakayama[20]. Y se logra de la política que apoye su desarrollo por ejemplo con el anuncio del presidente de los Estado Unidos –el 9 de agosto de 2001- de destinar presupuesto federal a la experimentación con células madre embrionarias (lo que provocó una clara reacción financiera positiva), se verifica un poderoso avance de los “deseos” de creer en la promesa que los biotecnólogos han construido (o permitieron se construyera) en el imaginario social.

Sin embargo los deseos de creer no significan adopción de su realizaciones –que por otro lado no son diarias, ni domésticas-. Tampoco un crédito ilimitado.

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NOTAS:


[1] Gracia, D. El estatuto del embrión, en Procreación humana asistida: aspectos técnicos, éticos y legales (J. Gafo, ed.), Ed. Universidad P. Comillas, Madrid, pp. 79-109. 1998

[2] Robertson,  J.A  Symbolic issues in embryo research, Hasting Center Report 25 (1): 37-38. 1995

[3] La sustantividad del ser vivo es su fenoma (fenotipo), del que el genoma es un subsistema sustantivo. El genoma tiene notas constitutivas, pero carece de sustantividad. El genoma sería una esencia no autosuficiente del sistema. La identidad depende mucho más del nivel neuronal que del genético. Identidad genética no es sinónimo de identidad biológica ni identidad personal

[4] Mientras este marasmo se diseñaba no faltaron pensadores que insistieran en proposiciones antropológicas comprensivas. Husserl señalaba como una de las más importantes y permanentes la lucha de la humanidad por comprenderse a sí misma, contra la resistencia que el hombre mismo opone. Esta oposición partiría desde su condición de sapiens racional al plantear esa cualidad en confrontación con la otra condición: la de homo natural, no aceptando que lo específicamente humano es tanto una como otra, que –en el hombre- lo racional está siempre en conexión con lo natural (tomando aquí como lo no racional). Finalmente, para Husserl el hombre expresa su esencia en la unión con su genealogía y su sociedad.

[5] En 1990 fue posible que una niña de cuatro años afectada de inmunodeficiencia combinada aguda (IDCA) fuera inoculada con glóbulos blancos genéticamente modificados conteniendo una copia funcional del gen de la enzima adenosina-desaminasa (ADA), proteína esencial para el desarrollo y funcionamiento del sistema inmunitario humano. La niña había heredado de ambos padres las copias defectuosas del gen de la ADA; ellos, a su vez, había heredado una variante defectuosa del gen de uno de sus progenitores pero el mismo había quedado “compensado” por la copia normal heredada del otro progenitor, y habían gozo siempre de perfecta salud. La niña podía haber heredado las copias normales o al menos una normal, y hubiese sido saludable. La carencia de ADA es uno de los más de 4.000 “trastornos de un solo gen” que provocan enfermedades genéticas o hereditarias en los seres humanos. La terapia somática a la que fue sometida no alteró en la niña su genoma, y las copias que de ella heredarán sus hijos serán defectuosas, sino que modificó funcionalmente su sistema inmunológico al introducir los nuevos glóbulos blancos alterados para producir la proteína deseada en las cantidades necesarias, en el momento adecuado, aún falta alterar las células-madre productoras de los glóbulos blancos, con la instrucción correcta de producir la enzima ADA. La alteración del genoma -mediante terapia germinal- podría ser intentada en el cigoto (embrión de una sola célula) de los hijos de la niña o, quizás, en las gametas que una vez adulta se destinen a la procreación, la cual debería ser llevada a cabo in vitro

[6] Kelssen, Hans Teoría pura del Derecho. Eudeba, Buenos Aires (Argentina). 1974.

[7] Broekman, J.; ob. cit., (pág. 31). Para quien la juridización de los procesos esenciales de la vida permite actualizar los valores, las normas y las expectativas que todos encarnamos.

[8] Mainetti, J. A. Realidad, Fenómeno y Misterio del cuerpo humano. La Plata, 1972. Pág. 53

[9] En contrario, J. Broekman (ob.cit., pág.34) quien afirma: ”cada ser humano se convierte en portador de una individualidad, el propietario de una individualidad y, en tanto individuo, propietario de sí mismo”. Asimismo: B. Edelman, Le droit saisi par la photographie, Paris, 1973 y X. Dijon, Le sujet de droit en son corps, Bruselas, 1982; citados por Broekman.

[10] Por supuesto que la legislación argentina, como otras, prevé una capacidad jurídica condicional para la persona no nacida -durante su etapa de gestación-, justamente a condición de que nazca con vida. Durante ese lapso y con posteriordad al nacimiento hasta su mayoría de edad (arbitrariamente establecida), tales derechos y obligaciones serán ejercidos y cumplidas, respectivamente, por la voluntad de sustitutos legales.

[11] Advierte Orgaz que el cuerpo de una persona viva no es, ni en el todo ni en cualesquiera de sus partes, aún de aquellas renovables, una “cosa” en el sentido jurídico de objeto material susceptible de apreciación económica, y por lo tanto son nulos los actos que tengan por objeto el cuerpo humano o sus partes no separadas del mismo. Pero, continúa Llambías, luego de la separación del cuerpo de algunas partes renovables del mismo, tales elementos pueden ser objeto de actos jurídicos, con tal que la separación y el acto ulterior se haya efectuado por la voluntad del propio interesado o de las personas autorizadas para suplir su voluntad. Orgaz, A., Personas Individuales (págs. 140 y ss.) y Llambías, J. Tratado de Derecho Civil. Parte General. Tº 1, pág. 280.

[12] Es aquí donde la defensa de la salud del cuerpo humano se convierte en asunto de un mundo-ambiente, que se manifiesta tanto en el cuerpo como entorno a él. La defensa del mundo-ambiente es, entonces, una defensa de la persona en preservación de su propia especie.

[13]  Edelman, Bernard. Génétique et Liberté, en Droits -13, Paris, 1991. Plantea estas conclusiones al realizar el análisis de las posiciones del filosofo P.A. Targuieff y del médico  RT. Frydman sobre la manipulación genética prenatal.

[14] Parece claro que, aunque las posturas y declaraciones institucionales son mayoritariamente contrarias a la patentabilidad de los genes humanos como tales, las Oficinas de Patentes internacionales (Estados Unidos, Europa, Japón) han aceptado las patentes de secuencias de ADNc humano si cumplen los requisitos técnico-jurídicos, entre ellos el de “utilidad”.

[15] Las “máximas” de conducta científica mertonianas han dejado una pesada carga y han derivado en una imagen equivocada de la ciencia, situándola en un aislamiento olímpico. Sus habitantes (los científicos y los tecnólogos) no pueden pretender las prebendas de los dioses (marginarse de las reglas sociales: el Derecho) y reclamar simultáneamente, el tratamiento mortal de la propiedad privada.

[16] Al proyectar la estructura de sus instituciones destinadas a fomentar la cooperación -de unos con otros para su beneficio mutuo y maximizar la utilidad de lo social- y a canalizar los conflictos, una sociedad se enfrenta a varias cuestiones. Una de ellas es cómo percibe y transmite -interna y externamente- su percepción de los objetivos señalados; esta percepción seleccionará qué tipo de cooperación y de conflictos integra y, entonces, determinará la naturaleza de la constitución subyacente y la estructura de las instituciones que le darán su carácter. Mercuro, Nicholas. Derecho y Economía. Madrid, 1991.

[17] Así, la Corte Suprema Federal de Estados Unidos (donde se han realizado estudios) ha basado su interpretación constitucional conforme a la visión de las doctrinas del Análisis Económico del Derecho sobre las reglas jurídicas como precios implícitos de diferentes clases de comportamiento en lugar de nociones intrínsecamente subjetivas de equidad o justicia. Easterbrook, F. Foreword: The Court and the economic system, Harvard Law Review, vol. 98, num. 1(nov. 1984).

[18] Del dictamen del Consejero del Comité de Innovaciones Industriales al presidente estadounidense James Carter (reproducido por Iver Cooper en Rutgers Journal of Computer, Technology and the Law, vol. 8, nº 1 - 1980).

[19] Así la Asociación Americana de Microbiología dijo a la Suprema Corte (escrito de amiens por la A.S.M. en el caso Chakrabarty): “la disponibilidad de un subcultivo es especialmente importante para las investigaciones científicas, porque las estirpes actuales son necesarias para los experimentos. Y, es improbable que firmas comerciales depositen los novísimos cultivos de microorganismos descubiertos en un depositario reconocido sin una adecuada protección por patentes. Más aún, la ausencia de patentamiento podría impedir la adquisición de estirpes por parte de los investigadores y podría inhibir el intercambio de información que es vital a la investigación”. (reproducido por Iver Cooper en ob. cit.)

[20] En el ya citado reporte T. Wakayama, I. Rodríguez, A.C.F. Perry, R. Yanagimachi, P. Mombaerts Mice cloned from embryonic stem cells, Proceedings of the National Academy of Sciences 96: 14984-14989. 1999


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ISSN 2362-6518