Curso dictado por la Dra. Teodora ZAMUDIO

 

3era hipótesis

 

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Presupuestos y Condiciones

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Hipótesis iniciales

1era hipótesis
2da hipótesis
3era hipótesis
4ta hipótesis 

3era Hipótesis. No hay factibilidad de instrumentar políticas sociales superadoras sin las reacomodaciones económicas que las nuevas biotecnologías provocan.

 

 

Las ventajas de centrarse en las repercusiones económicas de la biotecnología están en recurrir a instrumentos de análisis que proporcionan datos e informaciones muy concretas sobre aspectos fundamentales en el debate[1]:

Ï Quiénes (individuos, empresas e instituciones) son los protagonistas

Ï Qué necesidades intentan satisfacer o crear las biotecnologías

Ï Qué impacto tiene/tendrá sobre el PIB, el empleo, los mercados y la competitividad de un país [ver § 6.3.].

En el debate sobre conflictos sociales derivados de las nuevas biotecnologías, la perspectiva económica aporta abundantes elementos de juicio con peso específico para evitar rodeos y generalidades, además de proporcionar criterios condicionantes de otras muchas valoraciones éticas o sociales sobre las múltiples aplicaciones de las nuevas biotecnologías [ver § 6.3.1].

Biotecnologías: ¿desarrollo económico o desarrollo humano?

Ambiciosos proyectos de I&D a gran escala, capaces de generar una tecnología nueva, muy versátil, aplicable en particular a las áreas de investigación biológica y médica pero susceptible de una mayor rentabilización en otras áreas muy ligadas a la industria más innovadora -la de productos con alto valor añadido-, se convertirá en un sector estratégico de la economía[2]:

  • equipamiento de laboratorios, tecnologías para manipulación, análisis y secuenciación de ADN;

  • automatización de tareas rutinarias; farmacología, enzimología, industria biotecnológica y química;

  • equipos informáticos, software y hardware para gestión de grandes bases de datos (biocomputación), análisis estadístico de información y redes telemáticas.

 

Las biotecnologías ya han tenido un considerable impacto económico en el sector de la alimentación,

Desde 1990 se han hecho operativos sistemas de diagnóstico y bioconversión de almidón; se han comercializado edulcorantes y saborizantes, se han diseñado procesos de producción de jugos, aminoácidos, pigmentos y vitaminas; productos de fermentación, enzimas para elaboración de quesos, productos lácteos y levaduras híbridas. Ya ha comenzado a ser comercializadas bacterias y enzimas modificadas genéticamente, como elementos flavorizantes que mejoran la calidad de los alimentos, así como biocatalizadores y biosensores para la industria de producción y monitorización.

En el sector agrícola, ya existen variedades transgénicas de tomates, patatas, algodón, tabaco y soja, experimentadas al nivel de campo en pequeños reductos que presentan características de resistencia a herbicidas, virus, insectos y cualidades específicas. Con un evidente impacto.

Dentro de sectores no alimentarios, la biotecnología ha influido en los sistemas de producción de metano o etanol, por fermentación anaerobia de biomasa, y en el crecimiento selectivo y  propagación de árboles y plantas ornamentales.

Las técnicas más utilizadas son las de ADNr, ingeniería de proteínas y procesos e ingeniería de producción de anticuerpos monoclonales –un área muy limitada de la biotecnología-, que han revolucionado en un corto tiempo campos como el diagnóstico de enfermedades infecciosas y genéticas, la monitorización de procesos industriales y la producción de variedades de microorganismos capaces de elaborar sustancias farmacológicas o alimenticias y de metabolizar aceites para eliminar contaminaciones. El mercado de enzimas ha sufrido una auténtica revolución, especialmente por la variedad de productos de investigación ofrecidos a los profesionales.

Aplicada a la medicina, la biotecnología revoluciona ya los métodos terapéuticos de tratamiento de las enfermedades hereditarias y adquiridas

Mediante las diversas modalidades de terapia génica o los tratamientos antimieloma por inyección de TIL (linfocitos T infiltrados), transformados con TNF (factor necrótico de tumores)[3].

Sin embargo estos desarrollos económicos parecen no incluir el correlativo desarrollo humano de la población mundial íntegra (se insiste en el desarrollo humano, no económico que ha de estar comprendido en aquél pero no se circunscribe a éste).

Por otra parte, considerada la información genética humana como un aspecto de la diversidad biológica del planeta y, como tal, un activo negociable bajo pautas especiales, la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD) no ha podido afrontar eficientemente el objetivo legal –con que naciera- de conservar y proteger la diversidad (incluso la humana) y de establecer procedimientos obligatorios para el intercambio de recursos genéticos y beneficios, con la participación de todos los involucrados[4].

El flujo de recursos genéticos humanos a mediados de los años ‘90 estaba ya a un nivel que recordaba el flujo de material genético vegetal en la década de 1970. Actualmente, las muestras de tejido humano recolectadas por los investigadores médicos del gobierno de los Estados Unidos (país que no ratificó la Convención sobre Diversidad Biológica), por biólogos y bioquímicos de poderosas universidades, ayudados y guiados por antropólogos de larga experiencia en el trato y abordaje de comunidades originarias y locales, fluyen libremente tanto hacia los investigadores del sector privado como hacia investigadores militares (dentro del campo de la guerra biológica y la inmunologización de soldados para penetrar en territorios sanitariamente hostiles o desconocidos)[5].

Es importante tener en claro que el asunto no se refiere a si un acuerdo o contrato específico puede ser beneficioso para una comunidad local o un grupo de pueblos indígenas, o en qué medida puede llegar a serlo. En casos concretos, la firma de un acuerdo sobre biodiversidad puede constituir una estrategia válida para las comunidades locales, los pueblos indígenas o los gobiernos para obtener beneficios o proteger la innovación local. Hay casos en que se ha obtenido consentimiento, se han firmado acuerdos y se recibieron ciertos beneficios a nivel local. El tema aquí es que las transacciones comerciales bilaterales de biodiversidad están siendo impuestas como el modelo para la participación de los beneficios. Y que esos niveles locales –salvo excepciones- comparten los recursos (tanto biológicos como culturales) con otros no incluidos en la negociación (el Convenio señala que "...sólo se podrá contratar sobre los recursos genéticos de los cuales la parte suministradora sea ‘país de origen’." (Artículo 15, párr. 3º CDB)

Esto resulta evidente si se analizan las recomendaciones emanadas de las reuniones de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica. En octubre de 1999, un Grupo de Expertos del CDB se reunió en Costa Rica para discutir a fondo la participación en los beneficios. El hecho de que la sede fuera Costa Rica no deja de ser significativo. El INBio (Instituto Nacional de Biodiversidad), llevó la discusión sobre la participación de los beneficios a niveles internacionales hace varios años, cuando firmó un acuerdo bilateral con la gigante farmacéutica estadounidense Merck, en la que concedía a la trasnacional el derecho a explotar la rica biodiversidad que el país comparte con una región tan basta como que va desde Chiapas (México) hasta Beni (al norte de Bolivia). Poco sorprende que el grupo de expertos concluyera que los acuerdos bilaterales son el principal mecanismo para transferir los beneficios derivados de la biodiversidad y reconociera la necesidad de atemperar la transparencia con la confidencialidad y de adaptarse a las demandas de la industria en materia de derechos de propiedad intelectual, para no perder el interés de las empresas.

Consiguientemente, lo que se entendía como necesidades para la creación de capacidad a escala de los gobiernos y comunidades locales, se tradujo en desarrollo de inventarios, capacitación en negociación de contratos (regateos) y técnicas de redacción de documentos jurídicos. No exactamente lo que se propondría en el Convenio para propiciar la participación "justa y equitativa" de los beneficios. En realidad, la firma de los contratos bilaterales de acceso incorpora ya –y esto parece pasar inadvertido- a las comunidades tradicionales al sistema de la propiedad industrial, los “asocia” a las empresas y laboratorios al estipular que su contribución será retribuida con un porcentaje de las regalías que los productos y procesos patentables devenguen por su comercialización en el mercado. Esto no sólo entorpece sino que sitúa a estas comunidades en franca contradicción con su lucha por los derechos colectivos o comunitarios, que -por definición- no son de propiedad privada y que se comparten e intercambian de acuerdo con valores muy diferentes a los actualmente imperantes en los contratos de cambio, o asociativos, o parciarios de derecho privado. Se elimina así, cualquier posibilidad de gestar otro tipo de derechos bajo la consideración de las reglas y costumbres de esas comunidades, teniendo en miras sus reales necesidades y su papel de gestores naturales de los recursos biológicos.

Tanto los usuarios públicos como privados han de enfrentar costos de transacción para la obtención de los principios activos que “alimentan” las industrias biotecnológicas.

En abril de 2000, en la renegociación del Compromiso Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura[6] se intentó avanzar en el intento por darle al nuevo documento multilateral de fuerza obligatoria y preeminencia sobre los acuerdos bilaterales que pocas veces o nunca han sido satisfactorios para los agricultores y comunidades proveedoras de biodiversidad agrícola. 

Pero, en tanto los europeos (Francia e Inglaterra) reclamaron un régimen de acceso abierto, pero sin ofrecer en concreto el necesario apoyo financiero o la justa y equitativa  participación en los beneficios,  muchos de los más ricos en recursos biológicos –encabezados por Brasil- se inclinaron por gestionar independientemente la inversión y contratación sobre los recursos biológicos, no obstante que la mayoría de los países estuvieron de acuerdo en que los enfoques estrictamente bilaterales no eran apropiados para el caso de la biodiversidad agrícola. Esto es especialmente importante para el caso de los países que comparten no sólo diversidad biológica, sino en la que habitan comunidades tradicionales comunes (pueblos mayas, yanomamis, quechuas, son ciudadanos de varios países ¿cuál de ellos gerenciará sus conocimientos? ¿qué ley será aplicable a los contratos que los involucren?[7].

Capacidad de inversión o brecha tecnológica

En sus orígenes la biotecnología ha estado mantenida con fondos públicos, pues casi todas las aplicaciones eran consecuencia directa de una investigación básica académica. Pero rápidamente proliferaron multitudes de compañías de biotecnología, grandes y pequeñas, que explotan los productos de la investigación pública (especialmente en los Estados Unidos) [ver § 6.2.3].

El imaginario social sobre las biotecnologías ha coadyuvado a “crear” necesidades y realizaciones especulativas donde puede verificarse la desproporción entre los valores de mercado y la performance económica y comercial de las compañías, ese “aparente” desfasaje o falta de correlato estriba en el hecho de que la inversión realizada en este tipo de compañías es considerada "long term investment", queriendo esto significar que la misma no procura, ni pretende, rentabilidad inmediata, sino que forma parte de una porción de inversión mayormente financiera y con vistas a lograr resultados no mediante los dividendos que la empresa pudiera distribuir, sino a través de la oportuna negociación (vender a un precio mayor que el de compra) de los papeles que las representan.

Por su parte, el número de patentes relativas a la producción de antibióticos, enzimas y coenzimas, productos farmacéuticos, química fina, biomasa, aminoácidos, polímeros, ácidos orgánicos, aditivos para la industria alimentaria y esteroides ha aumentado significativamente en las dos últimas décadas, pero no en proporción a la inversión realizada (comparativamente con otros sectores)  

Las diferencias entre empresas públicas y privadas de biotecnología aparecen magnificadas si se atiende a sus presupuestos de I&D respectivos: las públicas tienen un presupuesto 9,2 veces superior al promedio de las privadas. Sin embargo, aunque el gasto de estas últimas (subsidiarias, divisiones o joint-ventures) es un 36% inferior al de las públicas, sus ganancias son considerablemente mayores. Las privadas obtienen mucho más por cada dólar invertido en I&D.

Las grandes corporaciones farmacéuticas, han decidido delegar totalmente las etapas clave de la investigación terapéutica en empresas especializadas que trabajan directamente con los centros de salud públicos y universidades (cuyo presupuesto es también cubierto con fondos públicos, en su mayor parte). Sin embargo los títulos de patentes recogen como asignatarios a las empresas debido a los contratos universidad-empresa, sin perjuicio de los pactos de regalías establecidos. Este cambio de estrategia persigue identificar los genes responsables de las principales enfermedades (unas 100, aproximadamente, entre más de 30.000) para hallar los blancos ideales (receptores hormonales, por ejemplo) sobre los que deben actuar los futuros medicamentos ante la posibilidad de afrontar no sólo los costos sino la cantidad de profesionales especializados en las nuevas técnicas de I&D molecular. Francia se mostró partidaria de constituir sociedades privadas abiertas a la participación de funcionarios investigadores. Pero esto exigía modificar su estatuto como investigadores y en la práctica da problemas. A Jean Weissenbach, actual director de Généthon, le han propuesto dirigir un centro público sobre los genomas en Evry, con unos 80 millones de francos de presupuesto anual. Algunos observadores echan de menos una política global de apoyo decidido a la genética médica, que permita aprovechar los resultados de centros como el de Evry. Con capital privado o sin él, lo cierto es que la investigación puntera sobre genes implicados en las enfermedades más frecuentes requiere centros de excelencia capaces de competir con las compañías privadas o colaborar con ellas de forma equilibrada. 

Todo ello impone algunos razonamientos primarios:

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La investigación pública es costeada por el erario logrado por los impuestos generales, aportados por la totalidad de la población en cada Estado, y derivado desde éstos a los Fondos Internacionales administrados por los organismos que gerencian los mecanismos de facilitación financiera destinados a los proyectos de investigación más ambiciosos.

Las universidades –aún las privadas- cuentan con fuertes aportes públicos; sin embargo, la universidad privatiza -a partir de los promocionados acuerdos empresa-universidad- el conocimiento logrado con aquellos fondos.

En muchos casos los investigadores universitarios obtienen –por esa pertenencia- el aporte gratuito de principios activos imprescindibles para la investigación, bien que a cambio –en los últimos años- de porcentajes en sus propias regalías.

Sin embargo,

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la explotación –de la que dependen en definitiva esas regalías- no son decididas con la participación de los proveedores interesados, sino con las conveniencias del mercado y de la empresa explotadora (que en no pocos casos debe amortizar previamente otras investigaciones posponiendo la comercialización de los nuevos)
la gestión (oportunidad, presentación, producción (cantidad) y precio) es impuesto por las empresas comercializadoras de acuerdo con las capacidades económicas del mercado y no conforme a las necesidades.

Las ganancias del sector

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no parecen promisorias en el presente en lo referente a la comercialización de productos o procesos;
sino provendrían de maniobras y prácticas especulativas

Aunque algunos países en desarrollo poseen ya un incipiente sector biotecnológico (semillas híbridas, técnicas de micropropagación, etc.) que nutre a sus mercados internos, la mayoría de ellos son deficitarios en las sofisticadas técnicas derivadas de la biología molecular. La brecha tecnológica se manifiesta doblemente: en capacidad de generan un aprovechamiento de los recursos primarios y en control (previsión y remediación) de la aplicación y de los efectos de las biotecnologías modernas. Irónicamente, y a pesar de los buenos resultados, durante la Revolución Verde, de la red internacional pública de I&D agrícola, la irrupción en escena de los intereses comerciales (los mencionados convenios empresa-universidad, por ejemplo) amenaza la continuidad efectiva de ese loable esfuerzo.

Para fomentar el desarrollo sostenible se requiere un conocimiento cabal de la capacidad de sustentación de la Tierra y de los procesos que podrían menoscabar o acrecentar su capacidad para sustentar la vida. El medio ambiente mundial esta cambiando con más rapidez que en cualquier otra época en los siglos recientes; como consecuencia de ello, cabe esperar sorpresas, y en este siglo que comienza tal vez se produzcan importantes cambios ecológicos y se padezcan consecuencias nunca antes experimentadas.

Al mismo tiempo, el consumo humano de energía, agua y otros recursos no renovables está aumentando, tanto per cápita como en total, y se pueden producir grandes déficit en muchas partes del mundo, aun cuando las condiciones ambientales no experimentaran cambios.

Por otra parte, los procesos sociales están sujetos a múltiples variaciones en el tiempo y el espacio, las regiones y las culturas. Estos procesos influyen en la evolución de las condiciones ecológicas y, a su vez, reciben la influencia de éstas. Los factores humanos son las fuerzas propulsoras centrales entre estos intrincados conjuntos de relaciones y ejercen influencia directa en los cambios a nivel mundial. En consecuencia, es indispensable el estudio de las dimensiones humanas de las causas y consecuencias de los cambios ecológicos y de las formas de desarrollo más sostenibles.

Un objetivo clave es mejorar y aumentar los conocimientos básicos acerca de los vínculos entre los sistemas ecológicos humanos y naturales y mejorar los instrumentos de análisis y pronóstico para comprender mejor los efectos en el medio ambiente de las opciones de desarrollo humano.

Economía de predicciones

“La economía es el estudio de la forma en que la sociedad decide
 qué se va producir, cómo y para quién”.

Stanley Fischer y Rudiger Dornbusch.  Economía (1983)

 

 Las biotecnologías modernas se reflejan en los mercados con la aparición de “cultivos de diseño” que permitieron incorporar ciertos rasgos novedosos o mejorados en alimentos, destinados a cubrir gustos específicos, concentración de explotaciones agropecuarias y mayor concentración industrial alrededor de los grupos de empresas poseedoras de derechos de propiedad de las invenciones biotecnológicas, etc.

Sin embargo, las previsiones hechas en estudios prospectivos previos al actual desembarco masivo de la biotecnología en el comercio, no han medido ni previsto la fuerte incidencia de factores a ser investigados y paliados en este sector: sostenibilidad ambiental, aceptación pública de los productos, viabilidad de la agricultura intensiva convencional, efectos sobre los componentes de los ecosistemas invadidos.

 Por otra parte, en lo que se refiere a los riesgos relacionados con la pérdida de competitividad de los sistemas tradicionales de producción es uno de los temas en los que existe mayor confusión y desinformación. La pérdida de competitividad de un sistema de producción debido a la innovación tecnológica de los competidores es un fenómeno inherente al desarrollo económico que ocurre independientemente de si  la nueva variedad fue obtenida por medio de las nuevas biotecnologías o de los métodos convencionales de mejoramiento. De hecho uno de los objetivos de las políticas de desarrollo es fomentar la innovación y estimular a los innovadores; este tipo de riesgo no es equiparable a los riesgos físicos, y por lo tanto no puede ser objeto de las regulaciones de bioseguridad, sino un problema que debe ser enfrentado a través de los instrumentos de la política económica y de desarrollo científico-tecnológico.

De aquí se deriva que si se establece una regulación de bioseguridad excesiva, es decir que propone normas que van más allá de los riesgos objetivamente identificados y razonablemente prevenidos, se corre el peligro de crear un instrumento que puede ser calificado como de obstrucción al comercio, y a la innovación tecnológica. Este tema es particularmente importante para los países periféricos o en desarrollo, los cuales dependen críticamente del acceso a tecnologías modernas generalmente desarrolladas en otros países, y en los cuales es necesario crear un clima adecuado para la transferencia real de tecnología.

 Otras situaciones particulares pueden darse cuando el uso del material transgénico permite disminuir o eliminar las importaciones de uno o varios productos, o cuando el empleo de un material modificado genéticamente permite aumentar la producción del cultivo y a la vez disminuir costos asociados al mismo[8]

 Como impacto negativo se menciona el hecho de que algunas empresas de semillas no pueden transferir nuevos materiales transgénicos a algunos países, por las presiones de grupos ecologistas radicales, lo que tiene un impacto desfavorable sobre las empresas que desarrollan estas innovaciones, y sobre la economía de los países a los cuales se transferirían los desarrollos, pues se les impide ser beneficiarios de los avances económicos-tecnológicos. Esto tampoco ha sido convenientemente medido por la econometría.

Mazorca de maíz originario y de maíz mejorado genéticamente.

Cultivo de trigo tradicional (izq.) y transgénico (der.).

[ver § 4.3]


Se tiene la intuición que la ecología puede ser usada como una barrera para la producción competitiva de algunos países, avalada por posiciones proteccionistas de países centrales (v.gr., la agricultura francesa es especialmente protegida como tradición y contención de la población rural). Sin embargo no hay prospectiva económica que “cruce” esos datos y situaciones.

 Otro aspecto en el que los cálculos económicos aparecen “retrasados” e insuficientes son los relativos al impacto de las biotecnologías sobre el mercado asegurador y laboral. Por lo general, las pruebas que ofrecen información sobre un riesgo genético probable son siempre problemáticas. [ver § 5.1.1 y § 5.1.2 ]

Aunque se conozca el genoma humano, hace falta tiempo para identificar los factores genéticos de una enfermedad. Y un plazo mucho más largo, incluso décadas, puede transcurrir entre el descubrimiento de una mutación genética que está en el origen de una enfermedad y la puesta a punto de un tratamiento preventivo o curativo. [ver  § 2.4.3.]

En el entretanto la realidad es que las pruebas estarán ceñidas a:

dar una información que sólo será un indicio con una relativa capacidad predictiva concreta (en una abrumadora cantidad de casos, la manifestación fenotípica del genotipo, dependerá de otros elementos entre ellos los ambientales y alimenticios, que quedan fuera de la consideración de las pruebas genéticas);

la detección de una predisposición que no tendrá de inmediato el correlato de un tratamiento eficaz y sólo en algunas circunstancias se podrá indicar una conducta que permita conjurar o retrasar una dolencia probable, motivará un impacto que será un nuevo conflicto psico-sociológico a paliar, en los planos individuales, familiares y comunitarios.

dar pie a un serio replanteo de transición sobre aspectos económicos de la absorción de los posibles excluidos tanto del mercado asegurador como del laboral.

Dada la ambivalencia inherente a toda nueva tecnología de gran potencial, las técnicas de predicción genética se hacen tan susceptibles de usos saludables como de abusos, por lo que el mayor esfuerzo deberá ir destinado a proporcionar información y difundir los criterios científicos, éticos y sociales necesarios para fomentar un uso responsable del conocimiento que el Proyecto Genoma Humano brindará, incluso aunque las medidas legales fuesen incapaces de garantizarlo[9]

Como conclusión general, puede decirse que la multifuncionalidad de la información no es suficiente para garantizar la elaboración de planes para economías reales y actuales (ni siquiera prospectivas), en las que debe incluirse las problemáticas del crecimiento, la distribución de la riqueza, el combate de la pobreza, la inserción de los actores en las economías nacionales y en las globalizadas, el manejo adecuado de los recursos productivos y el medio ambiente y la capacidad de articular consensos entre diversos agentes dentro y fuera de los  mercados, sobre el uso de los recursos biotecnológicos. La globalización de la economía impone al Derecho un desafío global: organizar una sociedad globalmente apta no sólo para sobrevivir, sino para evolucionar. 

tt 1era hipótesis • 2da hipótesis • 3era hipótesis • 4ta hipótesis  uu

 

 


NOTAS:


[1] Moreno, Miguel La perspectiva económica en el debate sobre aplicaciones biotecnológicas Cursos de verano del Centro Mediterráneo (Universidad de Granada)

[2] Está claro que fueron razones de competitividad internacional frente a países como Japón o el Reino Unido, mucho más que su potencial científico (bastante discutido en un principio), lo que inclinó a los congresistas norteamericanos a dar un fuerte respaldo financiero al Proyecto Genoma Humano en 1990.

[3] Los primeros productos desarrollados por sistemas biotecnológicos -insulina humana, interferón gamma y anticuerpos monoclonales- fueron los prototipos de una nueva generación de productos naturales y artificiales, producidos a pequeña escala (laboratorio) y fruto de una investigación biomédica enraizada en la investigación básica de determinados procesos celulares, sin dirección biotecnológica expresa. En 1991, ya se habían sometido a regulación 130 productos farmacológicos obtenidos por estos procedimientos en los Estados Unidos.

[4] Tampoco ha podido –a pesar de los esfuerzos desarrollados en la cuarta (Bratislava, 1998) y quinta (Nairobi, 2000) Reunión de las Partes de la Convención- crear un foro de acercamiento, una interfase de negociación o, al menos, de preparación de las pautas negociables.

[5] El NIH ha usado al menos 2.305 muestras de sangre de pueblos de Colombia en su investigación, las cuales fueron recolectadas entre 1987 y 1992. De estas, 77% (1.773) son muestras de pueblos indígenas. Del resto, alrededor de un 15% (338) son de comunidades Afro-Colombianas de la costa del Pacífico y 8% (193) son de comunidades mestizas. "La Gran Expedición Humana", esto es el Proyecto de Diversidad del Genoma Humano en Colombia recibió apoyo de una variedad de instituciones incluyendo Hoechst, Parke-Davis, Pfizer y Hoffman-La Roche.

[6] En apretada síntesis, el Compromiso Internacional propone restablecer, entre partes y dentro de los límites de los cultivos abarcados, el libre intercambio de materiales genéticos, que fue la norma hasta el advenimiento de los derechos de propiedad intelectual, cubriendo, a diferencia del CDB, tanto los materiales previos como posteriores al Convenio. Propugna además, compromisos de financiación más estables de la parte más rica del mundo hacia la más pobre, lo cual permitirá fortalecer a las instituciones de investigación pública para la investigación agrícola, frente a la hoy dominante alternativa de las empresas trasnacionales.

[7] Los  Países Miembros del Tratado de Cooperación Amazónica y del Parlamento Amazónico, en cuanto que comparten más del 50% de los bosques tropicales húmedos y la diversidad biológica más destacable de la Tierra son los primeros y más ostensibles cuestionados.

[8] Como ejemplo de este último caso se menciona el algodón modificado genéticamente, resistente a plagas, que cuenta con una productividad aumentada y con una disminución el uso de productos químicos de control, factores que obviamente mejoran la rentabilidad total del cultivo.

[9] Algunas publicaciones muestran de manera inequívoca que los riesgos eugenistas tienen menos que ver con el Proyecto Genoma Humano que con los prejuicios sociales y la desinformación general, así pueden leerse dolorosas postura como la que a continuación se reproducen: «El éxito y el fracaso en la economía norteamericana, y todo lo que ello implica, son cada vez más un asunto de herencia genética. (...) El Gobierno pierde tiempo y dinero con los programas de ayuda, teniendo en cuenta que la naturaleza, es decir, los genes, tiene mucho más que ver con el éxito que la educación. Más todavía: esos programas son la raíz del mal, porque mantienen la dependencia y contribuyen a la propagación de los bajos coeficientes intelectuales.» Charles Murray and Richard J. Herrnstein, The Bell Curve: Intelligence and Class Structure in American Life. The Free Press, New York, 1994 (aunque la referencia está sacada de El País, 20 de octubre de 1994: 33). Por cierto, forman legión las publicaciones de parecido tenor  en los dos últimos años: Seymour W. Itzkoff, The Decline of Intelligence in America. Westport, CT, Praeger, 1994; Jerome Kagan, Galen´s Prophecy: Temperament in Human Nature. Basic Books, New York, 1994; Robert Wright, The Moral Animal. Pantheon, New York, 1994; J. Phillippe Rushton, Race, Evolution and Behavior. Transaction Books, New Brunswick, 1994; etc.  Citados en Miguel Moreno Aportaciones epistemológicas al debate sobre las implicaciones jurídicas del Proyecto Genoma Humano en Revista de Derecho y Genoma Humano nº 6, Universidad Deusto, España; 1997, pp. 181-209.


Pro-Diversitas 
Editorial Digital
ISSN 2362-6518