Curso dictado por la Dra. Teodora ZAMUDIO

 

El Convenio sobre la Diversidad Biológica en América Latina

 

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Biodiversidad
El Convenio sobre la Diversidad Biológica en América Latina
Conocimiento tradicional
OMC/Doha/Debate

 

Notas desde una cosmovisión económico-jurídica.

 Por Teodora Zamudio (1999)

Sobre un proyecto de investigación acreditado ante la Universidad de Buenos Aires (TD30) y subsidiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (resolución  D N° 1854/98. PIP 0160/98) y Pro-Diversitas a.c.

 

"... ya no podemos andar solos. Buscamos una nueva alianza con el hombre blanco. Una flecha fue tirada en dirección al hombre blanco, una flecha hecha de amor y solidaridad para alcanzar el corazón de todo hombre blanco, como esperanza de un nuevo tiempo. Tiempo de derrumbar un muro discriminatorio que nos separó durante siglos y que nos impedía hablarnos y escucharnos.
Queremos hablar como indios, con la voz de la tierra, la voz del equilibrio material y espiritual del hombre, la voz de la verdadera América."

Marcos Terena
brasileño, líder indígena yanomami
El camino de la dignidad. Tierramérica, Año 2, Nro. 6.

 

 

 El término diversidad biológica forma parte ya del lenguaje cotidiano de los políticos de muchos países; está presente en el discurso diplomático y en cientos de documentos y textos doctrinarios y periodísticos. Y se incorpora cada vez con más frecuencia al vocabulario común, asociada a la idea de riqueza comercial.

1.- Biodiversidad: concepto e importancia.

La diversidad biológica, que constituye la base de la existencia humana, no alude sólo a la suma de ecosistemas, especies y genes sino que abarca y comprende la variabilidad dentro y entre ellos.

Dado que la naturaleza puede ser entendida como una red de sistemas o de "todos" los sistemas vivos imbricados en múltiples niveles jerárquicos, la desaparición o pérdida de uno de estos sistemas, implica la variación de parte de la jerarquía que éstos comprendan o de la cual hagan parte. Cada uno de esos niveles se caracteriza por tener una diversidad estructural, funcional y de composición, los cuales se manifiestan en forma simultánea cuando vemos un individuo; son todos estos niveles contenidos en él los que se mueven a través del espacio y el tiempo constituyendo una deliberada explosión incesante de "vida" y derroche recreativo pero sin perder la memoria, esto es, que por sofisticada o "mestiza" que sea la forma, nunca se pierde la memoria de los escalones anteriores, o, lo que es lo mismo, no se pierde ni un sólo instante del tiempo recreado, es decir: la biodiversidad puede ser vista como una obra de arte que se pinta y se repinta hacia el infinito (Ordoñez, 1999).

La extinción y la especiación son dos procesos naturales complementarios que ocurren simultáneamente desde que la vida hizo su aparición en la tierra. El resultado de la relación entre la tasa de especiación y la tasa de extinción es la evolución de las especies: pero si bien la extinción es un proceso natural, hoy en día debido a la intensa transformación que el hombre ejerce sobre el medio natural ha pasado a ser fundamentalmente un proceso antropogénico. El hombre lo provoca, lo decide...

Al comenzar el siglo XXI el escenario que nos aguarda, si las tendencias de transformación y degradación continúan, es el de un vasto territorio modelado por el uso humano de la tierra, con intercalaciones aquí y allá, de algunas manifestaciones naturales. Los hábitats que persistan serán solamente aquellos que permanezcan gracias a su status de "museos" o reservas naturales (actualmente, de acuerdo con el World Resource Institute (1989), aproximadamente un total del 3% de las tierras de la superficie del mundo están altamente protegidas). Se estima la eventual pérdida del 66% de especies de plantas en América Latina y que de este porcentaje de extinción corresponderá a la extinción del 14% de las familias de plantas del mundo y para el caso de la eventual extinción de las aves amazónicas esto corresponderá a la extinción del 26% de las familias de aves existentes en el mundo.

La evolución conduce a recrear, no formas puras, no formas "autonómicas," sino formas cada vez más combinadas e inclusivas de las formas en ese momento presentes. La naturaleza no es estática ni sus formas coexisten aisladas, se desarrolla en un orden en constante transformación hacia nuevas formas pero cuya novedad consiste precisamente en una mayor aglutinación o nueva combinación de las antes divididas y simples hacia formas integrantes, mezcladas, que a su vez se sumarán a otras creando (o transformándose en) otras nuevas o, lo que es lo mismo, con más elementos o características circundantes que antes existían con su propia corporeidad pero ahora se suman para formar una nueva forma "multiplicada" bajo un organismo individual, coordinado (Ordoñez, 1999). La vida sobre la Tierra adopta diversos rostros. Las diferencias dentro de ecosistemas, especies y genes tardaron millones de años en producirse. Fueron el resultado de incalculables mutaciones y fantásticos episodios de selección natural. Cada microorganismo, animal y planta contiene entre uno y 10 millones de bits de información en su código genético... Una diversidad que no podemos siquiera imaginar.

La biodiversidad es la clave para la seguridad ambiental del ser humano a largo plazo. Ofrece al hombre muchos servicios: limpia el aire, el agua y la tierra, descompone residuos, equilibra el clima, brinda alimentos, resinas, fármacos, materiales para la construcción, fibras textiles, etcétera. Es decir, innumerables materias primas que nos alimentan, nos dan abrigo, nos mantienen sanos y nos permiten sostener nuestras múltiples actividades sobre el planeta. Una gran cantidad de especies ayuda a sostener las condiciones ambientales que nos permiten vivir sobre la Tierra, y asegura nuestra resistencia ante los cambios dañinos en el entorno.

A todo ello, el hombre ‘suma’ hoy una interesante fase de aprovechamiento: el uso de los principios activos dentro del sofisticado mundo de las biotecnologías finiseculares. Para lograrlo ha debido salir a explorar la estepa y la selva, la floresta y la tundra... guiado por quienes vienen conviviendo y utilizando sustentablemente esa biodiversidad desde tiempos ancestrales, evidenciándose así la necesidad de asegurar el mantenimiento y el desarrollo del conocimiento indígena.

Un estudio llevado a cabo hace ya cuatro años por el World Cancer Institute se obtuvieron los siguientes resultados: en los casos de bioprospección al azar se aisló una muestra promisoria (aplicable en drogas de terapia contra en cáncer) entre 10.000; en tanto la proporción fue de uno a cuatro en las muesras tomadas sobre variedades conocidas por las poblaciones locales y ancestralmente usadas por ellas. Si se toma en cuenta que el pago de cada muestra fue de U$S 35, se puede inferir la importancia económica que presenta la etnobioprospección.

El hombre ha redescubierto que él mismo es parte, integra ese abanico, esa pieza musical que es la biodiversidad. Y, en esta instancia, protegerla implica respetar la diversidad cultural, incluida la diversidad de culturas, de lenguas, creencias y manifestaciones estéticas como una condición para mantener y proteger el conocimiento indígena. Reconocer los derechos de los pueblos indígenas sobre sus tierras y recursos naturales como la base del nuevo proceso de aprovechamiento tecnológico.

Las amenazas a la biodiversidad son tan múltiples como múltiples son las actividades humanas destructivas. El ser humano, ya no como especie en la escala de la naturaleza animal sino en tanto cyborg (esto es organismo capaz de crear y relacionarse a través de instrumentos), parapetado -por ello- en su poder de director de orquesta, es el mayor responsable de la pérdida de diversidad biológica, no sólo de la vegetal o microbiológica o animal, sino de la biodiversidad humana.

Además de los procesos productivos como la agricultura intensiva y la forestación industrial, la sobreexplotación de especies y la contaminación de aguas dulces, océanos, suelos y atmósfera que están agotando el patrimonio biológico, el hombre está acabando con el hombre mismo y no sólo figuradamente o a largo plazo sino con el actual exterminio de grupos étnicos y culturales a los que empobrece y asesina. Todo esto como legado de un modelo de consumo excesivo de recursos naturales y escalada de poder que sobrepasa los límites de la sustentabilidad a futuro. La pérdida de incontables formas de vida es el precio que pagamos por el progreso y el mantenimiento de un paradigma de riqueza material, que contiene su propia semilla de muerte.

El ritmo de deterioro de la biodiversidad humana es alarmante, más aún a la luz de ciertas propuestas que afirman la necesidad de limitar el crecimiento poblacional humano. Tal reversión en la curva de aumento demográfico podría llevar al empobrecemiento de la biodiversidad humana: muchos estudiosos (Cavalli Sforza, 1997), apuntando la necesidad del control de la reproducción humana, hacen hincapié sobre las poblaciones más pobres –lo cual de tener éxito- reduciría hasta la extinción (en América Latina) a numerosos grupos étnicos aborígenes, y con ellos desaparecería su cultura, su conocimiento y su diversidad biológica. Es que de todo intento de controlar la propalación del "cyborg" puede resultar, asimismo, el exterminio del "hombre".

2.- Convenio sobre la Diversidad Biológica (Río de Janeiro ‘92)

Durante por lo menos una década, muchos sectores -gobiernos, expertos, organismos no gubernamentales-, trabajaron para incorporar el tema de la biodiversidad en la agenda mundial. Sus gestiones fueron exitosas y en Rio de Janeiro, en junio de 1992, 157 países del mundo (entre los que aún no se cuentan los Estados Unidos de Norteamérica) se comprometieron públicamente a defenderla, con la firma del Convenio sobre la Diversidad Biológica, durante la Cumbre de la Tierra.

El Convenio se apoya en tres pilares fundamentales: la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que genera dicha utilización. Se procura la conservación de la diversidad biológica y su uso sostenible, y se enfocan problemas como el reparto equitativo de los beneficios de su explotación y la necesidad de la transferencia de tecnología y recursos financieros desde los países y sectores más desarrollados hacia los que lo están menos. Se trata de un desafío universal.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica constituye una norma-marco que intenta poner cierta claridad en definiciones tales como la de material genético ("todo material de origen vegetal, animal, microbiano o de otro tipo que contenga unidades funcionales de la herencia"), recurso genético ("el material genético de valor real o potencial") y recurso biológico ("los recursos genéticos, los organismos o partes de ellos, las poblaciones o cualquier otro tipo de componente biótico de los ecosistemas de valor o utilidad real o potencial para la humanidad"). Además, incluye como fuente de biodiversidad a los "ecosistemas artificiales" (comunidades nativas) -y sus componentes y productos derivados-, lo cual extiende los alcances jurídicos del Convenio a las actividades de mejoramiento genético agropecuario -que están reguladas por otros acuerdos internacionales y sus normas complementarias nacionales- y a las aplicaciones centenarias de los principios activos naturales, conocidos y desarrollados por las comunidades nativas. La biodiversidad es, pues, esa dinámica en la que el cyborg también participa, impacta y enriquece.

La materia del Convenio reclama de las naciones modificaciones en sus leyes, las que deberán acompañar e inducir una cambio copernicano de las estructuras jurídico-económicas si se desea que el espíritu del Convenio se imponga. En el proceso que ello importa, la educación, las políticas gubernamentales, la promulgación de legislaciones que encuadren los derechos de las comunidades nativas y que regule su personalidad y determinación jurídica, son otros instrumentos de ineluctable necesidad.

En materia de apropiación, o "acceso", el Convenio exige: 1) un contrato (art. 15, párr.4º) que sólo podrá celebrarse sobre los recursos genéticos de los que la parte suministradora sea "país de origen" (art. 15, párr.3º); 2) el consentimiento fundamentado previo de la parte contratante que proporciona los recursos (art. 15, párr. 5º); 3) el intercambio de tecnología, incluida la protegida por patentes y otros derechos de propiedad intelectual (arts. 15, num.7 y 16, num. 3); y se fomentará que los beneficios derivados de la utilización de esos conocimientos, innovaciones y prácticas se compartan equitativamente (art. 8º, j), a los cuales pueden hacerse algunas reflexiones iniciales:

2.1.- "...sólo se podrá contratar sobre los recursos genéticos de los cuales la parte suministradora sea ‘país de origen’." (Artículo 15, párr. 3º CDB)

Esto plantea dos problemas (Nirinberk de Chiessa, 1997). Por un lado, sabemos que los ecosistemas no reconocen fronteras políticas, y que, salvo las endemias, los recursos genéticos tienen varios países de origen.

Este principio es especialmente importante para el caso de los Países Miembros del Tratado de Cooperación Amazónica y del Parlamento Amazónico, en cuanto que comparten la cuenca más extensa, más del 50% de los bosques tropicales húmedos y la diversidad biológica más destacable de la Tierra.

El acuerdo celebrado entre la InBio (de Costa Rica) y el laboratorio Merck –tenido por muchos como ejemplar en el sector- dió a este último acceso a una biodiversidad que no es endémica de aquélla sino compartida por los países de una extensa zona geográfica que va desde Chiapas (México) hasta Beni (Bolivia), lo cual violaría -según Joseph H. Vogel- el Convenio en base al cual se firmó el mencionado contrato.

Por lo tanto, es dable pensar que la soberanía de los Estados, en este punto, deberá negociarse en acuerdos regionales si se desea evitar la competencia desleal en torno al desarrollo de las industrias vinculadas estrechamente con la biotecnología y, por ello, deberán implementarse alternativas científicas y tecnológicas conjuntas para el desarrollo humano, económico, social y ambiental en base a esos recursos. Por otra parte, en el ámbito interno cada país de organización federal o confederada habrá de resolver la cuestión de la legitimación (nacional o provincial o estadual) para contratar las bioprospecciones que se planteen, y establecer la necesaria para los casos de etnobioprospección que involucren el conocimiento nativo de las poblaciones locales e indígenas.

En la Argentina, que ratificó el Convenio por ley 24.375 de 1994, la Constitución Nacional reconoce la propiedad de las provincias sobre los recursos naturales. Sin embargo el contrato de bioprospección concluído hace poco tiempo fue acordado -por la parte argentina- por el Instituto Nacional de tecnología Agropecuaria (INTA) y la Universidad Nacional del Sur (ambos dependientes del Estado nacional), lo cual podría considerarse una violación a la competencia provincial y la consecuente nulidad del contrato en cuestión.

Asimismo, a pesar del nuevo inciso 17 del artículo 75 de la Carta Magna (Argentina), similar a otras disposiciones constitucionales latinoamericanas, el ejercicio de los derechos sobre la biodiversidad domesticada y/o conocimiento de las propiedades de los principios activos de los recursos biológicos por parte de los pueblos indígenas tropieza con la falta de reglamentación de la norma, por una parte y con la disparidad de los conceptos sobre la ‘propiedad’ manejados por una y otra cultura jurídica.

La mencionada falta de regulación legal de los derechos de los pueblos indígenas y su consecuente legitimación para ‘actuar’ (fijada ya en cuerpos legales internacionales como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo) se ven cuestionados en algunos casos como en ocasión de la Cuarta Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (Bratislava, 1998) en la que los delegados de las comunidades indígenas se vieron excluídos por la indeclinable oposición del representate de Brasil, debiéndose constituir en grupos de tareas entre Conferencias.

Con la firma y ratificación del Convenio sobre la Diversidad Biológica, los Estados han reafirmado y consagrado su soberanía sobre los recursos biológicos, pero también han instituido responsabilidades explícitas, especialmente en lo referente a las normas de acceso a los recursos genéticos y transferencia de los mismos; al intercambio de información; a la cooperación científica y técnica; a la gestión de la biotecnología y a la distribución de los beneficios; compatibilizándolos con los ordenamientos nacionales e internacionales vigentes de propiedad industrial.

Ello puede provocar controversias dadas las disparidades teleológicas de uno y otro sistema; más aún al verificarse otras disparidades como las macroeconómicas y las cosnecuentes diferencias de ‘peso’ en las negociaciones sobre las que se fundamentean los tratados internacionales y sus protocolos en los foros de discusión y decisión tales como la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

En este punto debe repararse en que la mayor concentración de especies y variedades se produce en las regiones tropicales y sub tropicales, donde también se inició –hace siglos- un uso inteligente, "sostenible" de los recursos naturales para la vida humana. En esas regiones es donde hoy se produce una acelerada pérdida de recursos vivos, a la que se ha dado en llamar "erosión genética", y donde se acentúa la pobreza en un círculo perverso. Y, son esas regiones las que, magüer su pobreza, proveen y proveerán los principios activos de otros tantos productos y procesos apropiables por quienes los desarrollen industrialmente; sin que quede muy claro el sistema legal que les permita aprovechar los beneficios que tales recursos genéticos reditúen.

Así, se ha patentado en los Estados Unidos un nuevo principio activo llamado Epibatidine. El Epibatidine es un cóctel químico que segrega la piel de una rana neotropical venenosa llamada «Epipedobates tricolor» que habita en los bosques tropicales desde el sur occidente y las estribaciones occidentales de los Andes ecuatorianos hasta el norte del Perú.

Esta especie ha sido utilizada ancestralmente por indígenas ecuatorianos en sus actividades de caza con cerbatanas. Fue el científico del Instituto Nacional de Salud de EE.UU., John Daly, quien identificó la estructura química de esta sustancia de la rana, gracias a la información sobre los efectos fisiológicos de las secreciones de la misma, proporcionada por comunidades indígenas y locales. Para aislar el principio activo, se obtuvo ilegalmente una muestra de 750 ranas, pues no existe evidencia de que el INEFAN (Instituto Ecuatoriano Forestal y de Areas Naturales) haya otorgado una licencia de manejo para que esta rana fuera explotada con fines comerciales (Acción Ecológica, 1998). Este es un requisito básico, ya que esta especie consta dentro de los apéndices de la "Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora silvestre (CITES)", de la cual el Ecuador es parte desde 1975. Cabe destacar, asimismo, que desde 1996 el INEFAN prohibió el uso de esta especie como fuente de recursos genéticos (lo cual incluye actividades de bioprospección). La patente estadounidense US 5,468,956 –obtenida para los Estados Unidos, representado por el Insituto Nacional de Salud- está siendo explotada por los Laboratorios Abbott que comercializan en el mercado el producto ABT-594 (derivado de la epibatidine), analgésico 200 veces más poderoso que la morfina.

Así pues, es de fundamental importancia diseñar el esquema legal a través del cual los Estados y las comunidades locales puedan participar y/o controlar esos contratos de acceso -que no se realizarán entre países, sino entre instituciones públicas y/o privadas nacionales y las grandes corporaciones transnacionales-, de modo justo y brindando la mayor seguridad jurídica para todas las partes. Para ello se debe estandarizar los análisis científicos para determinar el taxón en el cual se encuentra el compuesto, y un mecanismo de cámara de compensación para determinar el rango del hábitat para aquellos taxones con el fin de identificar a los poseedores comunes de la información (Vogel, 1996).

2.2.- "... el consentimiento fundamentado previo de la parte que proporcina los recursos" (Artículo 15, párr. 5º CDB)

Según el Convenio, el acceso a los recursos genéticos está sometido al consentimiento fundamentado previo de la Parte Contratante que proporciona los recursos, a menos que esa Parte decida otra cosa. Para la aplicación de los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas y locales deberá contarse con la aprobación y la participación de quienes posean esos conocimientos (artículo 8 j). Por tanto, el consentimiento fundamentado previo es el origen de la distribución de beneficios.

La necesidad de obtener el consentimiento fundamentado previo da a quienes tienen que otorgarlo la oportunidad de llegar a "condiciones mutuamente convenidas" (El término "condiciones mutuamente convenidas" figura en los arts. 15, párr. 4º; 16, pár. 3º; y 19, párr. 2º del Convenio. El término "mutuo acuerdo", figura en el art. 18, párr. 5º) (art. 15, párr. 4º) con quienes solicitan el acceso, y determinar la naturaleza exacta de los beneficios que han de compartirse. Pero no sólo eso, el consentimiento debe ser otorgado previa información y sólo después de comprendidas las implicaciones y las aplicaciones que la transferencia de tal conocimiento, suponen. Para ello la brecha intercultural debe ser asumida y superada, lo cual supone la comprensión y el respeto de los valores vigentes en los pueblos proveedores. La superación de la ignorancia en tal sentido por parte del mercado científico, comercial y biotecnológico mundial demandará esfuerzos por conciliar –no borrar- intereses y prioridades; por integrar –no desdeñar- instituciones morales y jurídicas que, aunque más ancianas que las románico-germánicas, han sido soslayadas por centurias.

La visión economicista de nuestro derecho, que casi exclusivamente se ocupa de los derechos en torno del patrimonio ha sido superada en esta norma del Convenio sobre la Diversidad Biológica que otorga protección a aspectos fundamentales ignorados por las legislaciones de raíz decimonónica, colocando al hombre en el centro del sistema. En este desplazamiento, cobra fundamental importancia el derecho a la información, pues posibilita el ejercicio de una pluralidad de facultades estrechamente conectadas entre si, a punto tal que es imposible imaginar la vigencia de alguna de ellas sin el previo aseguramiento del derecho a la información (Wiengarten, 1996).

Basta pensar cómo a través de la vulneración de este derecho se atenta contra otros ideales o valores esenciales del hombre, fundamentalmente en el ámbito de la libertad y la dignidad. El fundamento es sin duda el marcado desnivel, con un predominio técnico-científico del mercado, que se refleja en lo jurídico y convierte a la información en un instrumento de trascendencia para morigerar esa desigualdad y desequilibrio en las relaciones contractuales, al colocar en manos de la Parte proveedora una herrarnienta de control (Wiengarten, 1996) para limitar las diferencias culturales desequilibrante.

En síntesis, a lo que apunta esta norma es a establecer códigos de conducta que impidan que las viejas prácticas colonialistas de sobornar a determinados individuos –pseudo representantes- para apropiarse de los recursos colectivos, vacíen de contenido al Convenio sobre la Diversidad Biológica. En el concepto de este párrafo 5º radica la defensa para que la obligación de compartir beneficios no se traduzca, en nombre del Convenio, en contratos especulativos cuyas regalías (si las hubiere) beneficiarán principalmente a los intermediarios y a determinados funcionarios y a las elites locales. Esta fórmula no permite a las compañías -a través de sus intermediarios- etnoprospecciones en base a relaciones completamente desequilibradas con las comunidades locales, ni marginar a los gobiernos soberanos que habrán de asumir la responsabilidad de reglamentar tales contrataciones en base a esta disposición, impidiendo que el valioso patrimonio colectivo se venda a precio vil.

2.3.- "... los beneficios de la utilización de esos conocimientos, innovaciones y prácticas se compartan equitativamente" (Artículo 8º, inc. j).

En muchas de las comunicaciones recibidas por la Conferencias de las Partes (Cuarta Reunión – Bratislava 1998) de comunidades locales e indígenas, aunque se expresa apoyo al Convenio sobre la Diversidad Biológica en su conjunto, se observa que al estar el artículo 8º j) sujeto a la legislación nacional, la eficacia real del Convenio depende en definitiva de esta última. Esas comunidades desean por tanto que se formule una serie de estándares o directrices sobre legislación nacional relacionada con la aplicación del mencionado artículo. Mediante leyes, que habilitando a las comunidades indígenas y locales, exijan su representación en los órganos legislativos habrá más probabilidades de lograr que las preocupaciones e intereses de esas comunidades se tengan en cuenta y de acercar los paradigmas en juego.

De todas maneras se choca con la diversidad jurídica en cuanto a los conceptos de propiedad privada (emergente del orden jurídico de base románica) y propiedad colectiva o comunal (propia de los pueblos aborígenes), lo cual impone una brecha cualitativa a respetar si se pretende no invadir o destruir ordenamientos y costumbres locales. Algunos líderes indígenas han instado a la Organización Mundial de la Porpiedad Intelectual (OMPI) a que realice más investigaciones para comprender la complejidad que tienen los conceptos jurídicos en las culturas de lospueblos indígenas. Como señalara Lars Baer, del Consejo Saami de Escandinavia, "el hecho de que los conceptos indígenas, en especial la noción de derechos colectivos, puedan ser difíciles de entender para los regímenes jurídicos existentes no justifica que los gobiernos y las organizaciones intergubernamentales como la OMPI los pasen por alto". La OMPI tiene poca experiencia fuera de los derechos de propiedad intelectual occidentales y está pueden caber dudas de su disposición a hacerse cargo de esta ardua tarea y de su capacidad de llevarla a cabo.

Hasta hoy, los planes esta Organización de celebrar consultas con los "nuevos beneficiarios" se centraron en siete misiones de investigación previstas para antes de finalizar 1999. El objetivo de dichas misiones era "determinar y explorar las necesidades, los derechos y las expectativas en materia de propiedad intelectual de los poseedores de conocimientos e innovaciones autóctonos, para promover la contribución del sistema de propiedad intelectual al desarrollo social, cultural y económicos de éstos".

La primera dificultad con las misiones (y en realidad con toda la iniciativa de la OMPI) radica en su objetivo mismo. En éste, se parte de la base de que los proveedores de conocimiento autóctono tienen efectivamente necesidades en materia de propiedad intelectual y que los derechos industriales –adaptados o no- tienen algo que ofrecer para el desarrollo de aquéllos. No parece haber apertura para explorar todo el espectro de incentivos que se necesitan para promover y proteger las innovaciones locales o para impugnar la pertinencia de los derechos de propiedad intelectual o las repercusiones de éstos en dicho ámbito.

Un segundo problema es que se partió de la suposición de que los poseedores de conocimiento autóctono tienen expectativas sobre los sistemas de derechos de propiedad intelectual occidentales y pueden hacer sugerencias sobre cómo mejorarlos. Los sistemas de derechos intelectuales son un invento de la cultural industrial. Están inspirados en normas que no tienen ningún fundamento en la cultura de muchas comunidades locales. Las investigaciones de la OMPI aspiraron a buscar respuesta a preguntas tales como "¿En qué satisface el actual sistema de derechos de propiedad intelectual las necesidades y expectativas del informante con respecto al conocimietno autóctono?" o "¿Cómo clasifica y distingue el informante los diferentes cuerpos de conocimiento autóctono para los cuales espera o necesita la protección de derechos de propiedad intelectual?". Esto llevó al científico etíope Tewolde Egziabher, uno de los principales negociadores africanos en el Convenio sobre la Diversidad Biológica y en la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) a comentar; "Pretender que los ‘informantes’ contesten semejantes preguntas es como perdirles a los antiguos atletas olímpicos sus opiniones acerca de las reglas del cricket. Esas preguntas sencillamente no son válidas".

Por otra parte, la participación en los beneficios no puede reducirse a una compensación económica, por la concesión del acceso a los recursos biológicos y conocimientos colectivos, y a la creación de derechos de monopolio. Estos son elementos inalienables de la herencia intergeneracional. En un contexto de derechos de monopolio, sencillamente no es posible compartir beneficios.

La imposición de intereses puramente comerciales en el acceso a los recursos y el reparto de beneficios, compromete gravemente la promesa del Convenio sobre la Diversidad Biológica de asegurar el respeto a los derechos de las comunidades locales. La pretensión de que el mismo marco cumpla un doble objetivo -facilitar la extracción y el comercio de los recursos genéticos a la industria, y promover su utilización local para un desarrollo perdurable- es vista por muchos como insostenible y, denuncian, responde a la enorme presión para que el Convenio constituya un apoyo a los sistemas de propiedad intelectual, ligado a unas relaciones comerciales internacionales desiguales, y particularmente al Acuerdo sobre Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (TRIP’s) de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

3.- Entre el Convenio sobre la Diversidad Biológica y el T.R.I.P’s (O.M.C.)

El avance de la globalización, ha hecho que la cuestión de los derechos de propiedad intelectual sea motivo de preocupación en todo el mundo. Hasta hace muy pocos años la cuestión de los derechos de propiedad intelectual había pertenecido al ámbito de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. No obstante, la importancia económica del tema provocó la inclusión del mismo en la agenda de la Organización Mundial del Comercio (OMC) emergente de la última Ronda del GATT.

El acuerdo de la OMC sobre los aspectos de propiedad intelectual relacionados al comercio (TRIPs) pretende tener la prioridad –en el campo internacional- para la discusión del tema. Al mismo tiempo, las empresas trasnacionales empezaron a ejercer fuertes presiones sobre los gobiernos de sus países de origen para que utilizaran la OMC como ámbito para obligar a los países en vías de desarrollo tecnológico a poner en práctica los TRIPs, presión que se hizo notoria con la promulgación de nuevas leyes de patentes en muchos países latinoamericanos. Más allá de las normas, la teleología de los TRIP’s y del Convenio –tal como ya se señara- es diversa y puede llegar a ser fuente de fuertes conflictos.

Derechos y Obligaciones en conflicto

Convenio sobre Diversidad Biológica

T.R.I.P.’s (O.M.C)

Los Estados tienen derechos públicos soberanos sobre sus recursos biológicos

Los recursos biológicos pueden estar sujetos a derechos privados de propiedad industrial

La utilización o explotación de los recursos biológicos han de dar lugar a un reparto equitativo de los beneficios.

Igualmente, en el caso de explotación o uso de conocimientos tradicionales

Se debe conceder patentes en todos los campos de la tecnología. Los derechos se ejercen monopólicamente y no prevén mecanismos de distribución de los beneficios con los países o comunidades proveedoras del material biológico o conocimiento tradicional.

El acceso a los recursos biológicos debe estar condicionado al consentimiento informado del país y la comunidad de origen.

No existe ninguna disposición al respecto, aunque se trate de derechos de propiedad industrial sobre un invento proveniente de recursos biológicos

Los estados están obligados a promover la conservación y el uso sustentable de la biodiversidad en salvaguarda de las generaciones futuras

La suerte de las generaciones futuras y de los intereses públicos es, en general, ajena a esta normativa

Uno de los aspectos más polémicos del acuerdo TRIP’s es que exige que los Estados incluyan en los derechos de propiedad intelectual todas las tecnologías, entre las que figuran las referidas a materias biológicas como animales, plantas y microorganismos. La OMC apremia (G.R.A.I.N., 1999) para que esos derechos de propiedad intelectual sean formas de protección fuertes, como patentes o algún sistema sui generis (especial) "eficaz". Ello podría conducir, si no se introducen modificaciones en las legislaciones nacionales sobre las cuestiones del conocimiento autóctono y los derechos comunitarios, a que las empresas aumentarán sus monopolios (revista Nature, abril de 1998), dejando en letra muerta el Convenio sobre Diversidad Biológica respecto a aquéllos, a la transferencia de tecnología, al reparto equitativo de los beneficios.

El Convenio puede interpretarse -en sentido amplio- como un instrumento para fomentar la participación y el desarrollo de las regiones emergentes del planeta en el desenvolvimiento tecnológico; en este sentido cabe agregar a los ya citados articulos 15 y 8º, las disposiciones sobre el acceso y la transferencia de tecnología (artículo 16), el intercambio de información (artículo 17), la cooperación científica y técnica (artículo 18), la gestión de la biotecnología y la distribución de sus beneficios (párrafos 1 y 2 del artículo 19), y los recursos financieros y el mecanismo financiero (artículos 20 y 21).

4.- Contribución a un punto de partida.

Los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica están estrechamente interrelacionados. Expresada en términos de la doctrina económica actual, la situación puede quedar planteada así: no habrá recursos biológicos disponibles a menos que éstos se conserven adecuadamente; por otro lado, habría pocos incentivos para la conservación y la utilización sostenible si los recursos biológicos no generasen beneficios –lo cuales no son sólo los traducibles en valores crematísticos- para las partes interesadas locales y del país de origen, que son los propietarios (o "disponentes") de la diversidad biológica, además de sus principales custodios. Establecida esta premisa, el Convenio sobre la Diversidad Biológica necesita normas que reglamenten sus aspectos más importantes para tornarse operativo. En ese caso el "acceso" a la biodiversidad en la norma, deberá partir de fijar pautas sobre:

    1. el marco de desenvolvimiento de las políticas nacionales que aseguren la promoción, recuperación, sistematización y fortalecimiento del conocimiento indígena relacionado con la biodiversidad y con el consentimiento informado previo de los pueblos concernidos.

    2. la reglamentación de protección y disposición de la biodiversidad -así como ella misma se presenta- no puede ser abordada por un Estado autónomamente, sino que debe ser alcanzada conjuntamente en un acto de soberanía ampliada por las unidades políticas de cada "región" (entendiendo por tal las difusas divisiones que la naturaleza impone al expresarse y desarrollarse), y garantizar el respeto por parte de la "comunidad internacional" de tales normas;

    3. la legitimación para disponer de tales recursos e información, que podrá ser: pública -nacional o provincial- o privada; incluidas, si fuera el caso, las comunidades nativas y comprendiendo a todas las regiones donde dicha diversidad se exprese, es decir, teniendo en cuenta que dicha legitimación ha de ejercerse regionalmente; y finalmente,

    4. las modalidades de ejercicio de la libertad de contratación sobre la biodiversidad, según lo estipula el Convenio y armonizarlas, en lo posible, con las normas nacionales vigentes en esa materia;

Toda vez que la decisión de proteger la diversidad biológica no es sólo una decisión ética sino también económica, deben pensarse las formas más adecuadas para que el sector comercial intervenga activamente, invirtiendo lo necesario para deasrrollar las capacidades científicas y económicas locales. Así pues, se desarrolle una auténtica tarea conjunta, una revolución social y cultural superadora de las antinomias económicas y políticas que aún dividen a las comunidades humanas. El Convenio sobre la Diversidad Biológica ha sentado la pauta, queda al género humano andar el camino.

 

REFERENCIAS

Cavalli-Sforza, Luigi L. Genes, pueblos y lenguas. Barcelona, 1998.

Nirinberk de Chiessa, Patricia. "La administración sustentable de la biodiversidad" en Cuadernos de Bioética Nº 1. Buenos Aires, 1997

Ordoñez, Alfonso M. "Sinópsis". Inédito. México, 1999.

Vogel, Joseph H. "El uso exitoso de instrumentos económicos para fomentar el uso sustentable de la biodiversidad: seis estudios de caso de América Latina" en Biopolicy Journal Vol 2, paper 5, 1997.

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Revista Nature, abril de 1998


Pro-Diversitas 
Editorial Digital
ISSN 2362-6518